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“Toda mirada del mundo es una mirada de sí mismo”
Desde que se conoció el veredicto del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, el pasado 4 de junio, William Ospina no ha dejado de expresarse beneplácito por el reconocimiento de su obra El país de la canela. Y es que para el escritor colombiano, este galardón es un estímulo muy grande para los literatos de América Latina y, además, es un símbolo de la vitalidad del género novelístico.
William Ospina es el cuarto colombiano en conquistar el Premio Rómulo Gallegos, gracias a una novela que narra en sentido poético los pormenores del descubrimiento de América. El escritor, nacido el 2 de marzo de 1954, utiliza la historia como musa y como máscara, porque prefiere hablar del pasado que hablar de su vida, así se siente libre. “Yo pienso que la historia es necesariamente una mina para la literatura y siempre la memoria histórica ha sido una tentación de los escritores y literatos”.
Ospina estudió Derecho y Ciencias Políticas, pero cuando descubrió que su propósito en el mundo no era juzgar sino tratar de entender se dedicó a la literatura. Ha publicado cinco poemarios, once ensayos y dos novelas. El país de la canela es la segunda de una trilogía que empezó a escribir hace diez años. Este trabajo se inició con la novela Ursúa (2005) –que aborda la historia del conquistador español Pedro de Ursúa– y culminará con La serpiente sin ojos que, según ha expresado el autor, estará lista en dos años.
¿Por qué se interesó en narrar poéticamente el trasfondo histórico del Descubrimiento de América?
Para mí fue un descubrimiento hace unos veinte años encontrar la obra de un poeta de la conquista, Juan de Castellanos, porque había leído crónicas, pero sólo cuando leí un poema sentí la intensidad, la complejidad y el asombro de los episodios del descubrimiento de América, porque aunque el poeta se proponía hacer un retrato de los grandes jefes, América se apoderó del relato y los personajes fueron desapareciendo cuando la espesura de la selva, las tempestades, las lluvias, los naufragios, los jaguares aparecían en el poema de una manera tan sugestiva y novelesca. Y cuando yo terminé de escribir un ensayo sobre Juan de Castellanos (Las auroras de sangre) pensé que no había terminado mi relación literaria con la conquista y se me ocurrió la idea de escribir un relato sobre los viajes de los europeos, llevo más de diez años trabajando en este proyecto.
¿Qué aspectos de la historia se cuestionan y se destacan en sus novelas?
Mi trilogía gira en torno a los primeros viajes de los europeos al Amazonas: el primero en el siglo XVII y el de Ursúa –veinte años después–, fueron dos viajes muy distintos, el primero fue de descubrimiento, se fueron a buscar un país de canela y lo que encontraron fue la selva amazónica. Ese viaje de descubrimiento permitió que ellos sobrevivieran. Veinte años después, cuando Pedro de Ursúa concibió la idea de conquistar la selva tenía un propósito esencial que era hacer un viaje de conquista.
Cuando la gente descubre un mundo también descubre un costado de su alma. Todo lo que descubrimos del mundo nos ayuda a descubrir cosas de nosotros mismos. Toda mirada del mundo es una mirada sobre sí mismo. Los descubridores de América a medida que descubrían el continente americano descubrían cosas de ellos, por ejemplo Europa descubrió su propia barbarie al descubrir América, su crueldad, su ambición, su codicia, su incapacidad de reconocer lo distinto, su incapacidad de dialogar con otras tradiciones, con otras culturas.
Estudió Derecho y Ciencias Políticas y se dedicó al periodismo y a la literatura ¿por qué esa elección?
Eso de ser abogado es absolutamente imposible, así como nunca he podido ser maestro porque no puedo entender cómo en la academia es el maestro el que califica al alumno en vez de ser al revés. Tal vez cuando entendí que mi propósito en el mundo no era juzgar sino tratar de entender, la literatura se convirtió en un camino para tratar de entender porqué pasan las cosas. Por eso abandoné mi carrera y me dediqué a la lectura y a la escritura y empecé a pensar en ser escritor. Yo espero que dentro de unos cuantos años pueda decir que soy escritor. La literatura siempre es una búsqueda más que un resultado.
Y entre el periodismo y la literatura ¿con cuál se queda?
Para mí no son demasiado distintas, todos los géneros deberían responder a una necesidad: hay momentos en los que yo quiero decir algo y se convierte en verso, hay momentos en que se convierte en un ensayo, hay momentos en que quiero decir algo muy denso, minucioso y supone un recorrido en el tiempo y se convierte en relato y hay momentos en que quiero crear u opinar algo y entonces el periodismo es más inmediato. Son maneras distintas de manifestarse la pasión por el lenguaje y la búsqueda de emociones.
Hay quienes opinan que el periodismo es un género literario ¿está de acuerdo?
Podría aspirar a ser un género literario, porque si el periodismo no asimila de alguna manera la condición del arte estaría destinando a escribir para el olvido. Dicen que cuando uno está leyendo un periódico y de pronto descubre que es del día anterior ya no estás interesado en lo que estás leyendo, pero eso no siempre es así, a veces las crónicas, los reportajes logran tener una trascendencia y no se destinan al olvido, sino que aspiran a tener alguna relación con el arte, el sentido, la belleza, la perduración y el poder creador.
Jotamario Arbeláez criticó en un artículo de El Tiempo que en Colombia no se reconocen los logros de sus escritores ¿usted apoya esa opinión?
Son muy pocos los países en los que los artistas y los escritores son verdaderamente reconocidos y valorados. Colombia entra en ese grupo, porque la gente se dedica a muchas otras cosas y le prestan más atención a esas otras cosas que estrictamente a la cultura, pero eso lo sabemos desde hace mucho tiempo. Por eso yo digo que la situación de los escritores y los países es mejor que antes. Hubo muchas épocas en que los escritores que querían ser buenos debían irse de su país. En Colombia buena parte de los escritores lo escribían desde el exilio. Yo diría que hoy por hoy es una época en la que se puede escribir y eso ha pasado a raíz del premio Nobel que le dieron a García Márquez que cambió el estatus del escritor, el nivel de respetabilidad.
El jurado del premio Rómulo Gallegos comentó que El país de la canela tiene referencias de Alejo Carpentier y Rómulo Gallegos, ¿esos escritores han tenido influencia en su forma de escribir?
No sabría decir eso porque es más fácil ver cuando uno está afuera, pero uno mismo no se puede ver, uno no alcanza a ver todo lo que hace, uno se propone unas cosas, pero no estás seguro de que el resultado sea el que te proponías. Uno tiene que ser el primer sorprendido porque si no hay esa sorpresa, no hay creación y la creación consiste justamente en buscar más de lo que se estaba buscando.
Yo he sido lector de los autores latinoamericanos, entre ellos Rómulo Gallegos, Alejo Carpentier, García Márquez, Vargas Llosa, Borges, Neruda y espero que esas aventuras literarias estén en mí, pero claro uno aspira a que esas influencias literarias tan fuertes y poderosas no se noten mucho, porque son obras que uno ha amado y que le permiten a uno encontrar su propia voz. Yo aspiro que el magisterio de las enseñanzas de todos estos grandes escritores esté presente en mi obra y aspiro a que no apaguen la posibilidad de algo nuevo y diferente.
El escritor cubano Miguel Barnet manifestó que los escritores escriben, valga la redundancia, para escapar de la realidad y salvarse y dijo que usted había encontrado una forma maravillosa de hacerlo con esta novela ¿usted siente eso?
No sé si trato de escapar de la realidad, yo creo que trato de encontrar explicaciones a la realidad, trato de husmear en la causa de la realidad y la razón es que a mí me gusta mucho el mundo, tener contacto con la naturaleza, lo natural no solamente ha sobrevivido por milenios sino que si el planeta fuera tan peligroso como dicen no habría tanta gente. Por otro lado, el arte se ha dedicado a lo largo de toda su historia a hacernos sentir que sí hay dolor, tragedias, sufrimientos, muertes y son muchos los momentos en que uno debería ponerse a pensar y a dar gracias de que existe el aire, el sol y las estrellas. El mundo es tan rico que también el dolor, la tragedia y la muerte forman parte de él, pero también el mundo es sorprendente y fantástico, por eso cuando me encuentro con historias como los viajes de descubrimiento de Amazonas lo que menos quisiera es inventar, porque necesitamos saber qué paso, eso fue grande y asombroso y suficientemente novelesco.
¿Ha tenido oportunidad de leer a los autores que participaron en esta edición del Premio?
La verdad estoy un poco desactualizado de lo que es el movimiento literario del presente, porque tengo diez años dedicado a la historia y a estudiar los episodios de la conquista, me he dedicado a la lectura de crónicas y de documentos. Me gustaría tener tiempo de leer muchas de las novelas que participaron: empecé a leer La Ceiba de la memoria de Roberto Burgos y el de Víctor Paz Otero. Hay muchos que me llaman la atención por sus temas. Conozco muy poco los libros que participaron, pero me gustaría conocerlos más.
He leído la literatura venezolana no muy sistemáticamente, sólo a los escritores consagrados como Sánchez Peláez, Rafael Cadenas, Eugenio Montejo. Creo que nuestras literaturas tienen muchas afinidades.
¿Qué tiene que pasar para que América Latina se empiece a ver a sí misma desde su ombligo y no siempre bajo la óptica de otras culturas?
Si algo caracteriza a la cultura Latinoamérica es su universalidad. Latinoamérica es el más universal de los continentes, es una mezcla de lo africano, de lo europeo y de muchas combinaciones posteriores y esa universalidad está unida a un arraigo, nosotros tenemos muchas raíces y me parece que hay unos deberes compartidos en América Latina, unos deberes de integración. La integración latinoamericana no es una labor exclusiva de los gobiernos ni de los estados sino de las comunidades y quien más ha trabajado por la unidad y la integración latinoamericana ha sido la cultura: la literatura, la música, las artes.
Agenda de eventos en el marco del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos
Acto de entrega de la XVI Edición del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos / Domingo 2 de agosto / Sala de teatro 1 / 4:00 p.m. / Entrada libre.
Fuente: Prensa Fundación Celarg |