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Artículos en archivo año 2007 | Paisajes en la Galería Blasini |
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| Archivo - 2007 | |
| viernes, 28 de septiembre de 2007 | |
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Juan Gonzalez Bolivar exhibe su obra reciente, obras sobre tela y papel de mediano y gran formato, así como objetos con materiales encontrados, donde la remembranza del paisaje es la protagonista; en palabras del artista "...un paisaje más psicológico que físico, es como dejar entrar a mi casa, a mi espacio íntimo".. ...”Mi paisaje es más psicológico que físico, es como dejar ![]() Su obra definitivamente se centra en su experiencia existencial de todo cuanto ha atesorado como memoria de sus vivencias rurales, allá en La Cruz de La Paloma, pequeño poblado cerca de Maturín, Estado Monagas. Escenario que muy a pesar de los cambios y el desarrollo desproporcionado que ha venido sufriendo, González Bolívar ha sabido “congelarlo en el tiempo” para mantener viva esa costumbre de vida que como valor, hoy lo gratifica y lo consolida como creador. Aquel que observa el paisaje desde otra ventana, perspectiva del recuerdo y del mirar nostálgico. Territorio más bien “psicológico” que busca a través de representaciones de la naturaleza configurada por árboles, nubes y sol, la arquitectura emocional de su propia interioridad. Arboles manchas esbozados sin tocar tierra profunda, levitando en el aire. Manchas que esconden sus primeros trazos para desdibujar el peso del volumen, para transparentar gestos etéreos, ingrávidos, sentidos, vívidos. Si el árbol es un elemento simbólico en su trabajo, no lo son en menor cuantía las líneas que configuran los planos de sus composiciones, trazos de grafito y de cera china. Marco territorial que define y solapa su tránsito por el dibujo y la pintura. Donde nada se separa, todo se hace comunión plástica. Líneas estructurales de la casa, no elaboradas como construcción matérica o como construcción en sí misma, mas bien concebidas como espacio íntimo. Casa dibujo con cuerpo pictórico, casa para el albergue, hábitat de tonos ocres y tierra pura, pigmentos que se tornan veladuras, formas de ver y sentir un paisaje distinto, desde un balcón distinto. Lleno de luz, de suave y sutil resplandor, para codearse con su propia alma. Luz tenue, de evocador silencio. González Bolívar es capaz de hacer de sus recuerdos una entrega lúdica que nos propone otra mirada, no desde la formalidad estética, sino a partir de su introspección misma. Si desde la bidimensionalidad recrea campos estereoscópicos de sus naturalezas, sus ensamblajes-objetos logran brindarle mayor movilidad y hacerlas más corpóreas, a partir de un acentuado rasgo primitivo, de elementos encontrados, patinados por el uso. La carretilla, elemento también reiterativo en su obra, rememora ese medio de carga, de ir y venir por las picas del pueblo, haciéndose presente para recorrer y cubrir su tránsito plástico, para “amarrar” con ello ese discurso que reconstruye desde un ámbito nuevo. En ambas propuestas, desde el plano y el volumen, se regodea la pintura, aquella capaz de pasearnos por nuevos campos fértiles del arte. Arte que nos invita entrar a su casa, recinto donde se resguarda un lugar para la memoria, la de González Bolívar, la nuestra. Entremos pues. Alberto Asprino |
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