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Convivencias a la Intemperie. Obras de Carlos Mendoza, Adonay Duque y Jesús Guerrero. Imprimir E-Mail
Archivo - 2008
lunes, 29 de septiembre de 2008


En la Galería de Arte Florida a partir del 5 de octubre de 2008

La muestra reúne más de una veintena de obras realizadas entre 1999 y 2008, por tres artistas venezolanos de reconocida trayectoria, en materiales y estéticas disímiles, en pequeño, mediano y gran formato, entre esculturas, pinturas y dibujos.

La Galería de Arte Florida inaugura la exposición colectiva Convivencias a la intemperie, homenaje a Michele Loguercio, con obras recientes de los artistas Carlos Mendoza, Adonay Duque y Jesús Guerrero, el domingo 5 de octubre de 2008, a las 11:00 a.m., en su sede ubicada en la avenida Don Bosco, Quinta Castillete, No. 24, La Florida.

Con esta muestra, que culmina su programación, la Galería de Arte Florida rinde homenaje póstumo a su fundador, el marchand d’art, Michel Loguercio, quien durante más de dos décadas exhibió, con las características expositivas de rigor, a noveles y consagrados.

Convivencias a la intemperie, homenaje a Michele Loguercio, se constituye en la tercera edición de la muestra más importante que realiza la galería cada año desde 2006. La exposición cuenta con la curaduría del investigador Douglas Monroy, quien ha concertado a Carlos Mendoza, Adonay Duque y Jesús Guerrero para ofrecer al espectador algunas obras nunca antes expuestas al público, piezas que reflejan la madurez estética de los artistas.

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Carlos Mendoza
Carlos Mendoza (n. Caracas, 1953), escultor, discípulo de Juan Jaén; en 1970 inicia su proceso de formación como artista, estudia en la Escuela de Artes Plásticas Cristóbal Rojas, Caracas y en Royal Collage of Art, Londres, Inglaterra, con la supervisión de Kenneth Armitage. Su obra ha sido expuesta desde 1977 en espacios como el Conac, la Galería de Arte Nacional y la Galería Muci. Ha recibido entre otras distinciones el Premio Encuentro Nacional de Escultores, Escultura ’85, Fundarte (1985); Premio Eugenio Mendoza con la obra Estudio de un cuadrado, escultura ejecutada con la intervención de madera, cobre y piedra, Caracas (1986); Mención especial en el Salón de Escultura 50 Aniversario del Banco Central de Venezuela (1986).



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Adonay Duque
Adonay Duque (n. Coro, estado Falcón, 1954), artista plástico, pintor; a los 18 años decide comenzar estudios formales en artes visuales, estudia en la Escuela de Artes Plásticas Cristóbal Rojas, Caracas; pintura y grabado en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid, España; grabado en el estudio Arts Center Internacional, Florencia, Italia; y una pasantía en el Atelier Hachette en la Cité Internationale des Art de París, Francia. Expone desde 1976, realiza su primera individual en el Ateneo de Coro, Falcón; Galería Ariete, San Cristóbal; Centro de Arte Euroamericano, Caracas; Ha expuesto en USA, Panamá, Brasil. Ha recibido importantes reconocimientos, destaca el Premio Arturo Michelena y Tercer Premio, II Bienal Christian Dior (1991).

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Jesús Guerrero
Jesús Guerrero (n. Tovar, estado Mérida, 1965). Artista plástico, pintor; desde muy joven estudia en el Taller Elbano Méndez Osuna, Tovar y prosigue a los 16 años de edad sus estudios en el Centro de Enseñanza Gráfica Cegra, Caracas. Expone desde 1985; realiza su primera exposición individual en la Galería Juan Alí Méndez, Tovar, Mérida; participa en innumerables exposiciones colectivas, ha expuesto en el Centro de Arte Euroamericano, Caracas; Embajada de Venezuela en Francia, París; Museo de Arte Moderno Juan Astorga Anta, Mérida, entre otras. Su obra ha sido reconocida con el Gran Premio XVIII Salón Nacional de Arte Aragua, Maracay (1993); Premio Gabriel Oliver, XXVIII Salón Internacional de Arte Contemporáneo de Mónaco, Montecarlo (1994); Premio Arturo Michelena, en el LX Salón Arturo Michelena, Valencia (2002).

Convivencias a la intemperie, reúne 9 obras de Mendoza: 5 esculturas, elaboradas en 1999, con madera e integrada a otros materiales como, mármol, piedra, hierro y terracota, y 4 obras en acrílico y grafito sobre papel, realizadas en el 2008.

Duque presenta 8 obras: 5 pinturas del 2008, algunas elaboradas en acrílico sobre tela y otras en técnica mixta sobre tela, así como 3 tres obras sobre papel de 2006, realizadas con acrílico y tinta china.

Guerrero exhibe 11 obras realizadas éste año 2008: 5 pinturas elaboradas en acrílico sobre tela y lona sintética, y 6 obras en acuarela sobre papel.

En sala, el público podrá apreciar piezas como Péndulo (escultura, 78 x 40 x 17 cm, 1999), Tierra (acrílico y grafito sobre papel, 31 x 31, 2008) de Carlos Mendoza; Frida VII según retrato (pintura, 146 x 114 cm, 2008), Hombre con sombrero, de la serie Retratos contemporáneos (acrílico y tinta china sobre papel, 80 x 70 cm, 2006) de Adonay Duque; Paisaje de agosto (pintura, 100 x 100 cm, 2008), Sin título (acuarela sobre papel, 50 x 70 cm, 2008) de Jesús Guerrero; entre las 28 piezas exhibidas, que reúnen diversos formatos que van desde 25 x 33 cm, pasando por dimensiones que alcanzan 186 x 47,5 x 15,5 cm, hasta 190 x 195 cm.

Monroy en el texto del catálogo que acompaña la exposición concluye: “Sus obras se han nutrido tanto de las fuentes estimulantes de la memoria del pasado como de la indagación de lo eterno en lo humano. Siempre en la íntima e ineludible búsqueda de nuevas luces que les permitan dar paso a las ideas que se concretan en la obra plástica; inmersos en la naturaleza, pero con la experiencia previa urbana: cada uno y a su manera ha satisfecho sus naturales e inquisitorias interrogantes plásticas, y han podido sortear los sinuosos obstáculos, las dudas, esos titubeos que en apariencia inmovilizan la creación. Sus realizaciones estéticas son el resultado de ese esfuerzo personal, como del summum de cuantas respuestas hayan podido alcanzar.”

La muestra, Convivencias a la intemperie, homenaje a Michele Loguercio, puede ser vista de lunes a viernes de 8:00 am a 12:00 m y de 2:00 a 5:00 pm, y los sábados de 8:00 am a 12:00 m, hasta el mes de diciembre del año en curso. La Galería de Arte Florida cuenta con estacionamiento y vigilancia privada.


Texto del curador

Carlos Mendoza, Adonay Duque y Jesús Guerrero. Convivencias a la Intemperie

Douglas Monroy

La experiencia se recrudece, alimenta el vacío y la ausencia. Así es todo acto creador que requiere en algún momento de un estado de conmoción, de ímpetu interno, de un diálogo in pectore, en cuyo trasfondo se escucha la voz íntima, aquella que apunta como la luz de la vela: hacia arriba y a lo profundo. Este debe ser el estadio que encuentra Carlos Mendoza en medio de la gruesa fronda y verdor que rodea sin misericordia su casa y taller. De modo semejante puede ocurrir en los artistas como Adonay Duque y Jesús Guerrero, quienes viven entre las serranías andinas, enraizados en la provincia, como los que por plena vocación quisieran guardar prudente distancia de la urbe y abrigan la esperanza de vivir a la intemperie, al amparo de la naturaleza. Tal postura a favor del distanciamiento, semejante a las prácticas budistas, al retiro y a la austera peregrinación al desierto, abren las vías hacia el “despertar”, hacia el silencio, hacia la inspiración. Estas mismas lecciones han permeado en las vidas de estos artistas, han permitido sedimentar el mundo interior y, como un aluvional torrente de imágenes surgido de ellos mismos y de la erosión que produce la omnipotente realidad circundante, han posibilitado la creación de una obra rotundamente personal.

Piedra y madera han sido el refugio y el vocabulario para Carlos Mendoza. Estos dos nobles materiales son por excelencia los elementos unificadores y las fuentes primarias que hicieran posible la germinación de una obra desde la década de los años ochenta y que lo consagra como uno de los escultores más sobresaliente de su generación. Contemplar las obras de Mendoza es retrotraer momentáneamente el sentido de la realidad y dejarse impulsar a otras coordenadas del espacio y tiempo. Es encontrarse en zonas remotas impregnadas de reminiscencias arqueológicas, que sin embargo no resultan demasiado ajenas. Del universo que estas piezas nos proponen surge el impulso de perdernos en sus imposibles volúmenes. Una equívoca presencia de espacio sagrado y antiguo surgen de sus tallas: las constantes referencias arquitectónicas, a la casa habitada, a la atmósfera interior, a las prominentes y barrocas fachadas. Asimismo otros elementos como la ventana, la columna y el dintel vendrán a convertirse en los elementos emblemáticos de su trayectoria. Estos monumentales pórticos de madera en cuyo seno aparecen formas, signos y símbolos sin aparente relación, sin embargo, asombran en cada uno de estos fragmentos esculpidos o tallados y, como un todo, a semejanza de la escritura de Egipto, cada una de estas formas primarias va creando un discurso, un repertorio de ideas, una huella frágil y atemporal de la existencia.

Mendoza edifica un universo constructivo; cada una de sus piezas están llenas de profundos significados, triángulos, media luna, sinuosas escaleras, números y letras cinceladas en mármoles de diversos tonos y texturas. Las maderas se acoplan a los caprichosos volúmenes de la piedra y en algunos fragmentos el creador deja entrever formas erógenas masculinas o femeninas. Un eco de arte arcaico y contemporáneo se conjuga. Un insondable apego a las formas orgánicas, al río y al árbol. Para el artista la ecología es la cima de sus inquietudes. Mendoza es un perspicaz observador de la naturaleza, y de las morfologías de todos los aspectos de la vida. Se manifiesta en él una constante curiosidad casi renacentista, comparable a la de Miguel Ángel y el mismo Leonardo da Vinci; un interés que lo ha llevado a realizar innumerables oficios extra-artísticos, alejándolo por un período prolongado del taller; sin embargo, ha sobrevivido en el artista su profundo apego a la materia y al volumen, a la construcción de objetos, a su conciencia artesanal comparable a los maestro medievales, como también se trasluce en Mendoza una actitud espiritual, un sentimiento de lo trascendente, una existencialista búsqueda del orden mismo de las cosas.

Esa misma analogía entre lo antiguo y el presente se halla en los retratos ejecutados por Adonay Duque. En sus grandes telas el artista amplía el rostro al extremo mismo del cuadro, en ese magno acercamiento el pintor prescinde del resto del cuerpo humano a favor de capturar en la fisonomía de la cara esos rasgos que nos diferencian de otras personas. Estas obras son genuinas herederas de la tradición retratística, al tiempo que tienen ese aliento de arte bizantino, de arte de todos los tiempos. Sus pinturas guardan parentescos con los rasgos de los ciudadanos hallados en los murales de Pompeya; la obra de Adonay tiene algo de entidad común, de entidad humana. Sus pinturas contienen al unísono todos los semblantes posibles e imaginables. Para el artista, el rostro es el continente de todas las emociones posibles, es el mapa y el crisol donde se funden las sensaciones, es el recipiente corpóreo del alma, la máscara del tiempo que nos acompaña desde el principio de la eternidad, donde nuestro semblante es la morada de la expresión y es al mismo tiempo la lengua inaudible que todos comprendemos.

Adonay Duque retrata a personajes venidos de otras épocas, reinterpreta algunos autores conocidos, pinta a sus seres más íntimos y preciados. Y en este repertorio de rostros humanos el artista hurga sin descanso por desentrañar ese vívido retrato de la existencia. Los ojos de sus retratados se encuentran desmesuradamente abiertos y grandes, y es en esa mirada donde residen los significados ocultos de su obra. Los rostros miran fijamente al espectador de la tela; son miradas inquietantes, que encrespan, que preguntan sin esperar respuesta alguna. Sus ojos laceran como cortante espada, desnudando la intimidad frágil de la condición humana. Adonay es un pintor directo y sin preámbulos. En este desmedido enfoque de la cara de sus conmovedores personajes, el artista cubre la tela con cuantiosa materia pictórica y, en un alarde del tratamiento plástico, pinta con acentuados contrastes cromáticos y en particular con un enérgico gesto en la pincelada; en esta ejecución conduce todo al extremo de los linderos posibles, todo apunta a exacerbar los límites y las fronteras de la expresión.

Pero si en la obra de Adonay Duque prevalece ese silencio impuesto de las miradas ajenas de sus personajes retratados, encontramos en las obras de Jesús Guerrero un mutismo semejante: silencio que se obtiene gracias a las austeras lonas que el artista toma de los inmensos encerados que utilizan los camioneros para cubrir sus productos. El pintor redime así estas corroídas telas y aprovecha las texturas y las huellas dejadas por el desgaste al que son sometidas. Sobre ellas el artista interviene dibujando, coloreando, recortando, haciendo marcadas costuras, aprovechando los pliegues naturales. Ha quedado atrás su excepcional etapa colorista, de pintor de naturalezas muertas y de mesas de billar. Guerrero afirma que hoy trabaja la “pintura sin pintura”; en efecto, su trabajo se ha minimizado, ha vaciado el cuadro de representaciones, ha vaciado la tela del color vivo de su otro período, el cuadro ha quedado vacío, tan sólo la presencia del tiempo y la memoria han establecido su residencia.

El pintor ha renunciado y se ha sometido a los elementos más básicos de la pintura. Aquí el acierto de su propuesta plástica. Sus actuales trabajos son escenarios, son atmósferas, son densidades, son líneas y soporte desnudo, todo al mismo tiempo. Se han desvanecido las referencias convencionales y, en su lugar, el corpus de su obra adquiere la resonancia de lo atemporal, de muro de los lamentos, de la valla publicitaria ajena y descolorida en medio de la carretera. Sus lonas son telón de fondo para una escenografía, sólo que más leves, más cercanas a la piel, al nacimiento, a la gestación, a la matriz materna. Estas lonas ya no recubren las viandas de antaño, ahora abrigan la soledad y la mirada. No es la apariencia en sí misma el resultado que quiere alcanzar Guerrero en su propuesta plástica, es el enfoque de una realidad más envolvente y totalizante.

Un inspirador ímpetu ha dominado a lo largo de las trayectorias de los artistas Carlos Mendoza, Adonay Duque y Jesús Guerrero. Sus obras se han nutrido tanto de las fuentes estimulantes de la memoria del pasado como de la indagación de lo eterno en lo humano. Siempre en la íntima e ineludible búsqueda de nuevas luces que les permitan dar paso a las ideas que se concretan en la obra plástica; inmersos en la naturaleza, pero con la experiencia previa urbana: cada uno y a su manera ha satisfecho sus naturales e inquisitorias interrogantes plásticas, y han podido sortear los sinuosos obstáculos, las dudas, esos titubeos que en apariencia inmovilizan la creación. Sus realizaciones estéticas son el resultado de ese esfuerzo personal, como del summum de cuantas respuestas hayan podido alcanzar.

Galería de Arte Florida

Av. Don Bosco, Quinta Castillete, No. 24, La Florida,Caracas, Venezuela
Tel: (58)(212) 731.2466 / 730.3389 / 731.3516
www.gdearteflorida.com

 


Prensa: Lusymar Blanco Delgado

 

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