Jueves, 19 de Octubre de 2017

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Arturo Correa plantea un nuevo concepto en la pintura contemporánea

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El joven artista valenciano, Arturo Correa irrumpe en la escena expositiva capitalina, al presentar la muestra titulada Paisajes de la nostalgia, en la Galería de Arte Ascaso en Las Mercedes, donde podremos apreciar, durante el mes de marzo y abril, dos de sus más recientes series de pinturas.

Arturo CorreaPoseedor de una destacada trayectoria en distintos escenarios del mundo, Arturo Correa regresa a Venezuela, después de largos períodos de ausencia, con la ilusión de compartir con el público caraqueño una nueva faceta de su discurso plástico.

La carrera artística de Correa ha estado marcada por eventos personales de gran trascendencia, que han determinado su manera de sentir, percibir y de proyectar el arte. En su trabajo incorpora la emoción, el conocimiento y la reflexión. Siempre atento a las nuevas tendencias y lenguajes, renueva su pasión por la pintura como ejercicio vital, por encontrar en ella el medio con que más se identifica, y logra con el acrílico, su mejor canal para expresarse.

Con una formación académica netamente norteamericana, Correa no olvida sus raíces, y fiel a un excepcional amor por su tierra y por su familia, va y viene… Sus cuadros causan revuelo donde los presenta con timidez, pero a medida que va confirmando la razón de su ser, sigue estudiando y cosechando méritos hasta lograr el master en Bellas Artes, en la Universidad de Nueva York. Allí se va relacionando con prestigiosas instituciones que le ofrecen la oportunidad de exponer junto a artistas de gran renombre internacional, con quienes permanece en estrecho contacto, al igual que con sus maestros y tutores; galeristas y coleccionistas que aprecian la fuerza de su trazo, y que lo han incentivado a creer y a desarrollar todo ese potencial en más de una década entre la academia y el taller.

Es así como la obra de este joven valenciano se conoce en ciudades como Orlando, Miami, Nueva York, Texas y Arizona, tanto como en Maracaibo, Barquisimeto, San Cristóbal y Valencia. En Caracas, pocas han sido las experiencias expositivas del artista y es por eso que llega ilusionado de Nuevo México, lugar que escogió para trabajar, con el reto de presentar su obra a la consideración del público y de la crítica nacional.

En esta oportunidad serán dos, de las tres salas del la Galería de Arte Ascaso, las que acogerán la obra de Correa. Una de ellas estará enteramente dedicada al tema de las flores, una manera diferente de abordar la naturaleza muerta bajo el lente de la abstracción y lo figurativo. Mientras que, la sala superior presentará otro tema muy diferente, que forma parte de su más reciente producción, concebida en medio del desierto americano. Complementarán a éstos acrílicos en sala, un video testimonial del artista. En total, unos treinta cuadros de mediano y gran formato.

Para Correa, todas las series realizadas a lo largo de su carrera están conectadas, y en el caso de esta nueva exposición Paisajes de la Nostalgia, tanto las flores como los carros viejos a un lado de la vía, tienen interrelación. Ambos son testimonio de ese recorrido que es la vida: desde la nostalgia encontramos la fe y la esperanza para superar la adversidad y seguir adelante.

Arturo CorreaA través del tiempo, los temas abordados en sus lienzos, esculturas e instalaciones han variado, desde la más elemental figura humana, motivo de su primera individual, Intrusos y Muñecas, y de Personajes II, hasta proyectos más atrevidos con mayor connotación ideológica y contenido social como Quinta La Calle, realizado en el marco del III Festival internacional de las artes en Valencia. La caída de las torres gemelas, en momentos en que preparaba la muestra Celebrando la Mitología, en el Washington Square Windows, marcó de manera significativa la filosofía de su obra, es así como manchas de pintura llenas de rabia y frustración, se transforman en flores enmarcadas de fe. Es cuando surge la serie Del Caos a la Flor, con la que Correa se reafirma a sí mismo y con sorpresa descubre nuevamente la belleza donde todo estaba perdido.
Lo material y lo espiritual, el dolor y el amor, la nostalgia y la esperanza. En sus propuestas, siempre está presente una dualidad, una posibilidad, un crecimiento. Su discurso plástico está repleto de simbología, de interrogantes y de conclusiones, de brotes, como en el caso de Enredaderas, donde representa en diferentes formatos y técnicas, lo más intrincado del ser humano, como son sus pensamientos.

Otro acontecimiento de honda trascendencia en su vida lo lleva al aislamiento y a la introspección, es cuando desarrolla una serie de cuadros de gran formato que llamó Ruta 16, una de las dos series, presentes en esta novedosa propuesta titulada Paisajes de la Nostalgia.

Para la investigadora y crítica de arte, Bélgica Rodríguez, Arturo Correa tiene una manera inédita de mirar el paisaje, con una influencia notable de otras atmósferas y que se traducen en la temperatura cromática de sus cuadros. Mezcla lo abstracto y lo figurativo, planteando un concepto estético muy novedoso en la pintura venezolana.


Presentación

El trabajo de Arturo Correa se concentra en imágenes recurrentes y obsesivas, recompuestas una y otra vez sobre la tela. Surgen de la memoria y se replantean en tonos lavados que dan cuenta del tiempo transcurrido, semejantes a un fresco. Sus cuadros reúnen objetos diversos, aparentemente inconexos, superpuestos en collage pictórico. La nostalgia, como emoción, orquesta y reconstruye la forma caótica y arbitraria del inconciente, antes de pasar al pensamiento y más tarde, a la mano que pinta.

Esta muestra presenta dos Series: Flores III y Ruta 16, realizadas del 2007 al 2008, en las que Correa trata y desarrolla los temas del bodegón floral y la vida como camino, respectivamente. Diferenciadas en el motivo, una y otra serie, coinciden en la composición fragmentada, organizando sus partes como si se tratara de un vitral. La primera con más tendencia a lo abstracto que la segunda. Podemos observarlo en los cercos negros que recortan el color y lo diferencian de un fondo, en no pocos casos, constructivo y geométrico. De este modo, el artista prioriza por el hacer de la pintura, dejando en segundo plano, el asunto tratado en el cuadro.

A fin de facilitar su lectura y generar una secuencia detallada de las variaciones sobre un mismo tema, cada serie se ha dispuesto, por separado, en salas diferentes.

Josefina Núñez
Galería de Arte Ascaso


Arturo Correa: paisajes de la nostalgia

El acercamiento del hombre a la naturaleza, siempre ha estado matizado por sentimientos, sentidos y afectos poéticos, muchas veces dramáticos, especialmente en literatura. En pintura este acercamiento está en correspondencia privada con experiencias personales que entrañan relaciones de carácter psicológico, nostálgico, de querencias felices, pero también de experiencias sensiblemente tristes como es el caso del joven artista Arturo Correa. En él, la memoria actúa en el momento de concebir el motivo visual que llevará a la tela, en abstracto sería el pensamiento íntimo que hace tangible ante sus ojos. Luego, las líneas cruzan el espacio de la pintura definiendo formas y fondos, para así describir el “escenario” pictórico y su significado. En todo caso, el artista utiliza el lenguaje del subconsciente y su imaginación simbólica para una pintura que, simultáneamente, presenta, representa y sugiere el tema. No nombra el objeto de su interés, pero hace alusiones a él, no lo evidencia en su totalidad pero sí en sus partes, para así, ofrecer al espectador, como ejercicio mental y afectivo, la posibilidad de completarlo a su libre albedrío, el caballo, el automóvil, las rosas. Con naturalidad, la pintura la realiza como desborde de su imaginación, como fuente de su propia energía, practicando una ordenación de caos envueltos en atmósferas poéticamente visuales.

Arturo Correa

Lejos de una concepción racionalista, en su pintura Correa afinca sus herramientas plásticas sobre la intuición creativa, basándose en la expresión de los significados secretos de los objetos como tema y sistema interrelacionado de forma y contenido. Podría recordarse aquí al famoso poeta chino Fa-Tsang, Un pétalo de flor no aparece jamás solo / sino formando parte de un árbol florido. La relación de imágenes opuestas, entre ellas mismas y el fondo que las aloja, conduce a la síntesis de un tema que, prácticamente, pierde su posible condición naturalista, para adquirir un carácter orgánico y abstracto. Por ejemplo en la pintura Mayo escarlata, 2007, la fusión de flores, diferentes en color y configuración, definen una imagen en primer plano casi flotando sobre un fondo de transparencias cromáticas. O sea, que las partes están contenidas en un todo armónico que polariza la realidad sensorial del que lo mira y percibe como un ramo de flores, pero que al estar enmarcado en un cintillo de fuerte y grueso trazo oscuro, pierde esa condición real de ramo de flores para convertirse en una abstracción sustraída del mundo de la naturaleza. Igual sucede en Ruta 16, serie de paisajes urbanos donde mezcla automóviles, naturaleza vegetal o animal, con estructuras arquitectónicas visiblemente geométricas, resultando en sorprendentes entramados prácticamente surrealistas, alejados de un universo real.

Pintor inminentemente figurativo, Arturo Correa, irrumpe en la escena artística venezolana a principio de los años noventa; en 1996 obtiene un Bachelor en Fine Arts en la University Central Florida, Orlando, y en 1998 culmina su Master en Arts en la New York University, New York. La formación adquirida en el campo de la pintura, rápidamente le capacita para realizar dos exposiciones personales en Caracas, a partir de 1998 expone en New York, Miami y Connecticut, como puede leerse en su hoja de vida. Desde un primer momento, los temas que le llaman atención se refieren a personajes que define como intrusos, engendros, muñecas, luego dirige su interés hacia otros ligados al paisaje natural, flores, enredaderas, presentados igual que naturalezas muertas, y también hacia un paisaje urbano muy sui géneris, en donde mezcla imágenes de automóviles o de caballos. La selección de estos temas en la personalidad artística de este joven nacido en la ciudad de Valencia, Venezuela, no es fortuita; en realidad tiene mucho que ver con experiencias y circunstancias personales de su vida, en algunas ocasiones dramáticas, en otras con recuerdos de infancia, como la fascinación que desde muy niño sintió por los carruseles de los parques infantiles con sus caballos pintados de intensos y llamativos colores.

El interés estético fundamental de Correa se sitúa en la imagen figurativa que, a gran escala, predomina sobre el campo pictórico en cuanto a su ubicación en un espacio definido por la ausencia de perspectiva. Sin secuencia narrativa, sobre todo cuando se trata de flores, en general, el tema aparece sustentado por la formalidad de colores apaisados que el artista encierra en las diferentes secciones de una estructura plástica específica, y que convierte en un solo conjunto gracias al recurso visual del grueso trazo oscuro que la aprisiona. Correa no individualiza imágenes sobre el plano, pero las define por el color. Mientras unas se subordinan a otras, al final estas imágenes conforman un todo temático central, bien sujeto a un recipiente, descargado sobre el plano horizontal de tierra, o aparentemente suspendido en el espacio del soporte. Al artista le interesa el significado secreto de una naturaleza de la que toma, asimila y expresa emocionalmente, solo aquello que le es suficiente como expresión plástica. De allí que este acercamiento no está condicionado por una visión realista o naturalista; a partir de su esencia sugestiva construye el instante de la visión que imagina como realidad temática.

En todos sus intereses, dos tiempos compaginan el estadio temático de la obra pictórica de Correa, sean flores, caballos o automóviles. Por un lado la interpretación del artista, siempre sujeta a cambios de una pintura a otra. Por otro, la necesaria identificación de símbolos que acerquen al espectador al significado oculto de ellas. En general, este significado aparece en el ritmo constructivo de los elementos figurativos sobre el plano que los sostiene y les sirve de marco. No existe aquí la belleza externa. Desde el interior de la pintura aflora una belleza emotiva, una carga espiritual, parte fundamental en la complexión del tema para expresar estados de ánimo particulares. No solo por lo que en sí mismo significa, sino también por la paleta cromática que condiciona la temperatura visual de la superficie pictórica en cuanto a expresión y claridad espacial. Desde un punto de vista estrictamente formalista, la configuración compositiva no depende del fondo sobre el que actúa, pero, es lógico, desde el mismo punto de vista, que haya una relación cerrada del primer plano figurativo con el plano geométrico de fondo; en la pintura Entre flores y triángulos, 2007, lo mismo que en Jardín Nº 6, de la misma fecha, esta relación es bastante clara, un grupo de rosas distribuido a lo largo del soporte en composición horizontal, es empujado hacia el exterior por un fondo organizado a partir de segmentos geométricos en gama cromática un tanto arbitraria, pero que funciona visual y plásticamente. La forma central rosa sobresale del fondo gracias al subrayado oscuro de su contorno. En conclusión, el efecto esencial que causa la pintura de Correa es de solidez, atracción y de extraña belleza.

En las últimas series, especialmente en esta exposición individual, Correa se ha desprendido de la figura humana. Mira hacia un constructivismo de color, forma y línea, recursos formales que, como un todo orgánico, resultan en una estructura plástica balanceada más allá de cualquier connotación anecdótica o decorativa. El artista asume el color como elemento fundamental, llevándolo a cumplir una misión expresiva, pictórica y emocional. Sin plantearse objetividad en la identificación del tema, de manera particular muestra la relación íntima entre él y el objeto de su interés. La orientación visual de forma y color es parte de la propuesta estética. Organiza el aparentemente caos formal por la relación color-luz. Al iluminar el fondo de la pintura, la imagen figurativa impregnada de matices cromáticos oscuros se destaca en el primer plano y proyecta hacia el espectador. La superficie pictórica, en unidad armónica desde todo punto de vista, guía al artista en sus emociones e ideas, mientras el espectador percibe fuertes imágenes de forma, luz y color. La acción perceptiva es única y personal.

Arturo Correa contempla el jardín, mira las flores; contempla las calles, mira la arquitectura, los automóviles; contempla los carruseles, mira los caballitos pintados de fuertes colores; desarrolla contrastes en enredaderas de formas cruzadas, brillantes a la luz del mediodía; enredaderas que sueltan desde adentro colores que en murmullos crecen hacia varias direcciones.

Bélgica Rodríguez

 


Desde el 01 de marzo hasta finales de abril de 2009

Galería de Arte Ascaso
A. Orinoco entre calles Mucuchíes y Monterrey, Las Mercedes
Caracas 1060. Tel: (58 212) 993.6862/5301
email: galeria(arroba)ascaso.com
www.ascasogallery.com

Lunes a viernes en horario de 8:00 am a 12:00 m y de 2:00 pm a 6:00 pm, y los sábados y domingos a partir de las 10:00 am y hasta las 2:00 pm.

Fuente: Carmen Adelina Pinto. Prensa Galería Arte Ascaso

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