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| Teresa Casanova trae 'Tejedores de Agua' al CAMLB |
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| Archivo - 2009 | |
| miércoles, 01 de abril de 2009 | |
![]() Casanova quedó cautivada además por su profundo sentido religioso, respeto a la naturaleza y su integración a ella. “En una sola palabra hay toda una imagen y eso me cautivó y comencé a utilizarlas para nombres de mis cuadros y esculturas. Esas imágenes sugeridas por sus palabras me llevaron a combinarlas y crear poemas cortos (haikús). Luego quise llevarlas a lo plástico, pero utilizando los medios que ellos utilizarían”, asegura. “Allí comencé a usar tintas vegetales y a tejer, anudar, desbastar, tratando de expresar algo de lo que dan esas imágenes poéticas. Los materiales usados, serigrafías, otras impresiones, tintas, teñido, lavado son sólo el fondo para la fibra que es algo para mí nuevo, pero que me acerca a la forma en que ellos trabajan hace siglos”, recuerda la artista. Esta muestra está constituida por 19 obras realizadas sobre tela de yute, en su mayoría. Las imágenes son una combinación de tejido con fibras diversas naturales y alternativas, desbastado y entrecruzado de fibras en los desbastados, teñido y aplicaciones de chapillas de maderas y hojillado en oro. Cada una de las obras está inspirada en un poema corto al modo haikús, creado por la artista sobre la base de la fonética de la lengua Warao. Más que una construcción figurativa de estos poemas, Teresa Casanova se inspiró en la imagen literaria para desarrollar cada una de las obras. El montaje fue realizado con la intención de exhibir cada pieza al aire para aproximar al espectador, a lo natural. De acuerdo con la escritora Maria Elena Ramos en “Tejedores de Agua” el espectador se conseguirá que “algo mantiene Teresa Casanova de cada uno de sus tiempos anteriores en esta nueva etapa: El asedio físico a las materias específicas, como en su época informalista (pero estos nuevos goces matéricos ya no se concentran en la tierra, los colores del barro y del magma sino en tejidos, urdimbres y nudos, en crear especies de bastidores para desbastar las telas con agujas muy finas, en improvisar telares); el afán de imprimir y dejar huella, que toma de su trayectoria y permanencia como grabadora (y que se concreta ahora en pequeños fragmentos de tela estampada figurando abejas o libélulas cosidas luego al soporte); la presencia de la luz, esa que por años hizo leves sus paisajes pintados en la urbe (una luz que si antes sólo resbalaba ahora penetra -junto al aire- en el tejido mismo de la obra, permeándolo y dando traslucidez a las telas deshiladas). Norka Marrufo Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez, CAM-LB Prensa CAM-LB
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