Jueves, 17 de Mayo de 2012

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La fiesta ha terminado de Daniel Vázquez Sallés

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En la mejor línea de la literatura que toma como punto de partida las complicadas relaciones de pareja, Daniel Vázquez Sallés escribe una novela que indaga en la vida de Ruth y Mo, el matrimonio Tosar, que se resquebraja en la insatisfactoria vida familiar. Lo intentan como pueden e, incluso, quedan en hoteles para simular encuentros furtivos y así alimentar su anodina vida sexual.

Ruth falta voluntariamente a una de sus teatrales encuentros y empieza una catarsis marital (que recuerda a Anne Tyler y, a ratos, a los diálogos de Woody Allen, pero con una dosis extra de realismo). Ella decide romper con los convencionalismos y empezar un juego de triángulos, infidelidades y emociones crueles que roza lo peligroso y en el que los dos empiezan a revelar lo peor de cada uno.

De las obras anteriores del autor se ha dicho
“Vázquez Sallés se nos presenta como un excelente escritor, una apuesta sólida para resistir con dignidad los zarpazos que tenemos que afrontar durante la existencia.” Antoni Gual, La Vanguardia.

“Daniel Vázquez Sallés tiene la capacidad para asumir una tradición literaria y enriquecerla.” Rosa Regàs.

“El poder evocador de su prosa permite al lector empaparse de un espíritu muy especial y seductor” Toni Vall, Avui.

“Un autor que ofrece una reflexión irónica y, al tiempo, ponderada.” ABC.

 


Daniel Vázquez Sallés

Periodista, crítico gastronómico y escritor especializado de cine, Daniel Vázquez Sallés (Barcelona, 1966) se licenció en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona. Estudió cine en la Universidad de Nueva York y estuvo vinculado a este mundo durante muchos años: fue auxiliar de dirección, creó su propia productora, realizó cortometrajes y escribió guiones. Desde hace unos años es colaborador habitual de los diarios El País, La Vanguardia, El Periòdico de Catalunya y El Mundo, y de las revistas Clío, Qué leer, Fotogramas, National Geographic, Historia y vida y Cote du Sud.

Es autor de la novela Flores negras para Michael Roddick (2003), publicada también en catalán, alemán, italiano y portugués, y del ensayo Comer con los ojos, editado por RBA.


Entrevista con el autor (Esta entrevista se puede reproducir total o parcialmente)

Pregunta: ¿Qué pueden encontrar los lectores en La fiesta ha terminado?
Respuesta: La historia de tres personas que tratan de encontrar desesperadamente un sentido a la vida sin tener en cuenta el dolor o la angustia que pueden causar en los demás.

P: El punto de partida es la crisis de una pareja que ronda los 40. La visión que a uno le queda sobre el amor al acabar la novela es desoladora.
R: Mo y Ruth tienen cuarenta años y están frente a un espejo que les impide dar marcha atrás. El conformismo es la única solución a una vida más o menos estable. El equilibrio está en discordancia con la curiosidad, curiosidad que te lleva al pesimismo y a una total marginación de ti mismo al verte en el espejo.

P: Llega un punto en que Mo y Ruth no pueden seguir viviendo bajo un mismo techo, pero tampoco pueden vivir el uno sin el otro.
R: Por un sentido de la derrota. Negarse el uno al otro, la vida compartida durante años, es mentirse a uno mismo. Por mucho que desesperes nadie te devolverá los años vividos con tu pareja. Por mucho que desesperes, eres como eres gracias al Mo o a la Ruth de turno.

P: El sexo se revela como una posible tabla de salvación para la pareja, pero al mismo tiempo es el desencadenante de su perdición.
R: Sin sexo las parejas están muertas. Una pareja se puede salvar si el sexo funciona. Al revés, es francamente difícil. La perdición de Ruth y Mo es cuando ella se da cuenta de que se está enamorando del Mo del hotel y está empezando a odiar al MO marido de casa y padre poco ejemplar.

P: La novela también marca la diferencia de clases y orígenes de la pareja protagonista. ¿Es un factor clave para la evolución del matrimonio de Mo y Ruth?
Mo proviene de la burguesía barcelonesa, mientras que Ruth proviene de una familia humilde. Cuando existe la pasión los orígenes son invisibles. Cuando se extingue la pasión se manifiestan las diferentes personalidades de los seres humanos y aparecen los conflictos. En realidad, jamás descubrirás cómo es realmente una persona hasta que no la pones al límite o hasta que no se pone ella misma al límite.

P: Cuando empezaste a escribir la novela, ¿tenías en mente algún modelo?
R: No. Las influencias son del tipo La maison ou j’ai grandi una canción de Françoise Hardy. Soy tan naïf que he sido abandonado por mi propia sombra. En cuanto a los personajes, siempre me han gustado aquellos seres perdidos en su propio laberinto. La insoportable soledad de los hombres y las mujeres en una sociedad en la que es imposible distanciarte de tus errores. Ah, y esa terrible canción titulada: Lo que pude haber sido y nunca seré.

P: Sabemos que combinas tu carrera literaria con el periodismo. ¿Son dos facetas diferentes? ¿Te consideras más periodista que escritor?
R: Algunos periodistas dicen que no soy periodista. Tienen razón: no soy periodista. Es más, estoy licenciado en publicidad aunque en un mercado de culebras sería incapaz de vender antídoto para mordeduras Sea como sea, el periodismo me ha servido para convertir la escritura en un oficio, y gracias a este oficio para pagar MoviStar, a ONO, a Caprabo, a Iberia, a Renfe, a Fecsa, a Repsol, a La Urbana, etc… Como puedes ver, este oficio le da un sentido a mi vida, un sentido movedizo según las lunas y los soles.

P: Es evidente que lo de escritor te viene de sangre. ¿Cómo descubriste tu vocación?
R: Por desesperación. Siempre negué mi capacidad como narrador. La insistencia de mi padre y una situación personal y profesional poco recomendable para el ego, fueron las razones que me llevaron a saltar al mundo de la novela, eso sí, con una timidez enfermiza. Siempre me he sentido un outsider, y siempre lo seré. A mí me gustaría ser un escritor invisible.

P: ¿Hay algo de autobiográfico en la obra?
R: Supongo. Incluso si escribiera una obra con chimpancés eunucos en un mundo sin plátanos habría algo autobiográfico. De algo tenemos que nutrir nuestras historias. Es por eso que recomiendo a todo bicho viviente que evite a los fabuladores que puedan convertir sus anécdotas en estercolero novelable. De toda la novela, la parte más autobiográfica es la historia de los niños en el tejado.

P: ¿Cuales son los escritores u obras que siempre te acompañan? ¿A qué tipo de libros vuelves siempre para releer?
R: No suelo releer libros que me han gustado por miedo a renegar, como dijo Pasolini, de mi mejor juventud. Si tengo siempre un personaje en mente es el de Marion, la madre de Ruth en Una mujer difícil, de John Irving. Por otra parte, evito a los escritores. Prefiero leerlos a tocarlos por miedo a que se me derritan los libros.

Prensa: Palmira Márquez / Dos Passos Comunicación

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