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“Yo, como tú, he intentado con todas mis fuerzas
de combatir el olvido. Como tú, he olvidado.(…)
¿Por qué negar la evidente necesidad de la memoria?”…
Hiroshima Mon Amour (1)
Jorge Rivas Rodríguez
A través de la historia del arte muchos creadores han tomado el pasado como fuente de inspiración. Imágenes y símbolos pertenecientes a tiempos pretéritos en la capital de la Isla, en tanto devienen recuerdos “recuperados” a través de la imaginería artística, adquieren una novedosa potencialidad expresiva y conceptual mediante la obra reciente del pintor, dibujante y escultor Kdir López Nieves, un artífice cuya presencia se ha hecho imprescindible no solo dentro de la plástica contemporánea, sino también en las bienales internacionales de arte contemporáneo de La Habana, en las que suele sorprender a críticos, espectadores, galeristas y coleccionistas con sus recurrentes experimentaciones iconográficas .
En la muestra, titulada Signos —colateral a la Bienal— y expuesta en una de las galerías más importantes de la ciudad, La Acacia, el joven artista recrea su proyecto sobre la base de un discurso eminentemente crítico en torno a la relación del individuo y su memoria, como forma de defender la identidad personal y social ante la cada vez mayor tendencia a macerar el interés artístico por los procesos históricos, una de las consecuencias más inquietantes de la desenfrenada carrera de esta era global; sobre la cual se centró el tema de muchas de las realizaciones exhibidas en la décima edición de uno de los principales encuentros de las artes visuales en este hemisferio.
Estas piezas están realizadas sobre soportes de anuncios publicitarios originales de los años 50, del siglo pasado, los cuales se fabricaban mediante el grabado serigráfico, pero en vez de los pigmentos tradicionales se utilizaban las técnicas del cocido de la porcelana, por lo que los colores se iban horneando de forma independiente tras su aplicación sobre el acero, en diferentes capas, hasta obtener el diseño del cartel deseado. Sobre ese soporte, Kdir pinta, dibuja y realiza sus propias impresiones con pigmentos de cerámicas, resinas, esmaltes y otros materiales que por su naturaleza permiten la transparencia de las imágenes fotográficas de La Habana de esa época.
Surgen así estos extraordinarios Signos que impactan al observador. Estos trabajos no hacen guiños a la añoranza, ni a la nostalgia o a los valores propios del pasado reciente; sino que parten de —e incentivan—la investigación seria y audaz sobre una época imprescindible de escudriñar aún mucho más para poder conocer mejor sus derivaciones y determinaciones en la vida presente de la Isla, en lúcido enfrentamiento pictórico a los mecanismos del olvido y de alguna manera contribuir, desde el arte, a la reconstrucción de una memoria proscrita por muchos o desconocida por las nuevas generaciones —entre ellas a las que pertenece el artista que nació veinte años después, en 1972.
Estas obras buscan su espacio y lo encuentran en la razón y el pensamiento del observador —independientemente de su edad—; como si cada uno de estos carteles-cuadros, o cuadros-carteles, surgieran de la confluencia de encuentros y evocaciones, de la fusión entre materia y conciencia, del antes y del ahora, de lo lúdico y lo sagaz. Entonces, el proyecto establece un nexo o diálogo con el público, al cual Kdir intenta pertrechar de imágenes y objetos que pertenecen a los recuerdos, a su pasado o al pasado de sus antecesores. “La ciudad entra dentro del cartel que una vez estuvo en ella. Cada obra completa un ciclo: pasado, futuro, presente; y también olvido, recuerdo, memoria… es como el infinito”, ha dicho el creador.
Ese interés por experimentar sobre las posibilidades reflexivas del arte en torno a la sociedad —sin escatimar técnicas, lenguajes o instrumentos— ha prevalecido siempre en el quehacer plástico de Kdir, quien ahora insta a arrojar nueva luz sobre una época transitada, desdibujada ya en la mente de muchos, serie cuyo antecedente inmediato lo encontramos en Kasting, su producción anterior, a través de la cual realizó un enjundioso estudio de la “milagrosa” y a veces corroída presencia de las fachadas de algunos de los cines habaneros de los años 40 y 50.
Pero Signos no está concebida mediante la exhaustiva revisión de los registros existentes, tales como los originales de estos anuncios comerciales o las fotografías de finales de la primera mitad del anterior siglo; sino desde una perspectiva más comprometida aún con su estética creativa, la cual pone al servicio de la introspección individual y colectiva, mediante la provocativa incursión del presente en el pasado.
Tal como Marcel Duchamp nunca intentó “competir” con los objetos (ya hechos, reciclados por él), sino que indagaba si de ellos podía hacerse un uso estético (ready-mady) y crear en los espectadores una reacción sorprendente; Kdir apela a su ya probado ingenio para a partir de ese mismo principio trabajar sobre estos carteles, intervenirlos con su imaginario plástico y crear una obra de arte legítima, audaz y diferente, la cual intenta, ante todo, desde el reconocimiento del pasado, colocar al hombre en el centro de los problemas de la contemporaneidad, resistir, e instarlo a salvar nuestro destino.
(1) Hiroshima Mon Amour (1) Extracto del guión del film Hiroshima Mon Amour (1959) de Alain Resnais.
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