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| Relectura de ‘Doña Ines Contra el Olvido’ |
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| Lecturas - Artículos | |
| viernes, 19 de junio de 2009 | |
Por: R.J.Lovera De-SolaLa segunda novela de la caraqueña Ana Teresa Torres(julio 6,1945) es Doña Inés contra el olvido(Caracas: Monte Avila Editores,1992. 239 p.) del cual aparece ahora, y es por ello que nos hemos reunido esta tarde, su tercera edición castellana, lanzada por la editorial caraqueña Alfa hace ocho meses. Pero este libro tiene ya sin par historia por los numerosos premios que ha recibido, por haber sido consagrada como la mejor novela venezolana de la década de los noventa y por haber sido ya traducida al inglés, en ediciones distintas para los Estados Unidos e Inglaterra y también vertida al portugués por lo cual estamos hoy ante su séptima edición, juntando ediciones castellanas y en otras lenguas. Y estamos también, esta ya es una opinión crítica, ante la gran novela venezolana de estos tiempos, la mejor, la más perfecta. Por ello ocupa su autora un lugar singular en nuestra ficción, particular después de la muerte de los grandes maestros de nuestra ficción, Arturo Uslar Pietri(1906-2001), Miguel Otero Silva(1981-1985), Guillermo Meneses(1911-1978), Alfredo Armas Alfonzo(1921-1990), Francisco Herrera Luque(1927-1991) y Salvador Garmendia(1928-2001). Y, creemos, que es por Doña Inés contra el olvido que por vez primera una mujer encabeza a nuestros novelistas, cosa que no pudo lograr en su tiempo Teresa de la Parra(1884-1969) quien escribió al unísono del maestro Rómulo Gallegos(1884-1969), Doña Bárbara y Las memorias de mama Blanca fueron impresas el mismo año, de hecho aparecieron durante el mismo de febrero de 1929, una en París, la otra en la Barcelona catalana. Teresa de la Parra también lo hizo muy cerca de sus queridos amigos de los años veinte, los jóvenes Uslar Pietri y Enrique Bernardo Nuñez(1895-1964). Y ello no es decir poco de Ana Teresa Torres, quien también nos dio en Los últimos espectadores del acorazado de Potemkin(Caracas: Monte Avila Editores, 1999. 309 p.) otra obra mayor de nuestra literatura, y sobre todo por el momento de gran floración en que se encuentra nuestra narrativa hoy con figuras destacadas y en momentos en que aquí como en América Latina las creadoras están en lugares demasiado destacados para soslayarlas. Y no detenemos aquí porque el afecto, siempre hermano de la literatura, cierra nuestra boca para el elogio. Dentro de los moldes de una prosa cuidadosamente trabajada, largamente macerada, Ana Teresa Torres escribió su novela Doña Inés contra el olvido(7a.ed.Caracas: Alfa, 2008. 254 p.), libro complejo si duda. En él una mantuana caraqueña, Doña Inés, muerta en 1781(p.214) al contar una y otra vez, los avatares de su vivir, los cuales dicta a un amanuense, quien es el verdadero autor de la novela(p. 174, 213, 253), traza a la vez los recuerdos de su existir y la parábola del devenir venezolano a lo largo de mas de dos siglos. Su omnipresencia le permite conocer las controversias coloniales, seguir tras las tropas de Simón Bolívar(1783-1830), escuchar los relatos sobre las montoneras del siglo XIX, mirar de cerca a Joaquín Crespo(1841-1898), a Cipriano Castro(1858-1924) y a Juan Vicente Gómez(1857-1935), percibir como Rómulo Betancourt(1908-1981) inventó la democracia(p.193-194), mirar la transformación del país, darse cuenta como él está ahora dominado por la unión entre políticos corruptos y empresarios sin escrúpulos, afirmación esta última que hacíamos el año noventa y dos en nuestra primera aproximación crítica a este libro, cuando la corrupción terminó con la democracia nacida el cincuenta y ocho(“La segunda novela de Ana Teresa Torres”, El Universal, Caracas: septiembre 13,1992). ¿Qué decir hoy sobre este mismo punto a cuya reflexión también nos lleva esta obra: un país dominado por un solo hombre que maneja todos los poderes a su antojo, la nación dividida y polarizada, perdidos los valores de la democracia, con señales vivas de autocracia, sin tolerancia ni respeto al adversario, con una Constitución hecha ad hoc para el mandatario pero que se viola cada día?. País que es testigo, como lo dijo la semana pasada el diario norteamericano Washington Post(abril 30,2009), de las acciones del gobierno actual:”por consolidar una autocracia”, por eliminar “lo que queda de democracia en Venezuela”. Volúmenes como Doña Inés contra el olvido también nos llevan a estas graves meditaciones? Doña Inés representa con sus recuerdos todo nuestro proceso por haber sido nieta, como su marido Alejandro, de un Conquistador español, quien aquí sembró sus raíces. A la vez Doña Inés, quien no desea que se olvide el pasado(p.11,19,25,27), protagoniza una lucha que le llevará mas de dos centurias contra el negro liberto Juan del Rosario, hijo de su marido y una esclava, por la posesión de unas tierras en el valle de Curiepe que este moreno libre tomó en posesión por estar realengas(p.14), cosa que doña Inés no aceptó nunca. Su disputa es porque aquel patrimonio vuelva a su familia, para impedir que lo que fue suyo se diluya, no se convierta en “sombras que se pierden en el tiempo”(p.69).
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| Oficio de Lectores |
Este es un libro inusual en la literatura venezolana porque en él como se ha dicho su autor “analiza, especula, narra y crea”(p.VII). Pero es mucho más porque pocas veces lo mejor de la lección de Jorges Luis Borges(1899-1986) ha sido atendida y desarrollada como lo hace Rodríguez en estos textos que parecen a veces cuentos pero son ensayos, prosas en las cuales penetra hondamente la invención narrativa. |
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| Los Penetrables de Soto: el espectador como epicentro de la obra |
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Tal vez una de sus mayores aportaciones fueron sus penetrables, por medio de los cuales logró integrar al hombre a la obra de arte y redujo la distancia entre el arte y la vida, si utilizamos una expresión de Arthur Danto. |