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| Mirando a Marcel Duchamp |
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| Lecturas - Artículos | |
| viernes, 03 de octubre de 2008 | |
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por Gloria María Zapata Marín La mirada más agresiva, crítica y, si se quiere, descarnada que se ha hecho a la obra de arte, la ha realizado Marcel Duchamp. ![]() Desnudo Bajando La Escalera. 1912 Aquí empieza el quiebre fundamental con todas las formas y escuelas artísticas que se habían instaurado hasta ese momento. Duchamp no compite con los objetos (que ya están hechos), lo que busca es indagar si de ellos puede hacerse un uso estético; es allí donde toma objetos encontrados de la realidad, del mundo cotidiano y natural pero que puedan, indiscutiblemente, crear en nosotros, los espectadores, una reacción. Sobre esto, Barilli dirá “Duchamp destruye todo residuo de confianza en las cualidades objetivas del valor artístico-estético y quiere en cambio demostrar que éste es el fruto de una convención, o casi de una autodeclaración; basta quererlo, emanar una “intención” en tal sentido y todo puede convertirse en “obra de arte”, lo que, una vez más, es un modo para reforzar la dimensión noética. Lo que cuenta es el coeficiente mental que anteponemos a cualquier experiencia, que puede seguir su normal decurso práctico-utilitario, pero también puede ser desviada, “desplazada” por otros carriles, y entonces, aun sin que nada cambie en su aspecto físico, entra en la esfera del valor estético” 2. ![]() L.H.O.O.Q 1919 Reproducción en un poster de la Mona Lisa. Museum Boijmans Van Beuningen. Rotterdam Dentro de ese ámbito, Duchamp realizó marcas irrepetibles de un profundo sentido. Es famoso su L.H.O.O.Q, donde asistimos al trabajo realizado sobre una reproducción de la famosa Gioconda de DaVinci; el artista dibuja un bigote sobre la figura y luego la firma con las cinco letras antes mencionadas, que en la fonética francesa, y sin que tengan ninguna traducción, equivalen a “Ella tiene calor en el culo”. No estamos solo ante una profanación sin sentido, asistimos a la denuncia del objeto artístico como mercancía, como producto de consumo popular. Es en este sentido que Duchamp marca un hito dentro de los estudios e investigaciones sobre arte. Es inevitable pensar que esta nueva mirada está atravesada, necesariamente, por el discurso*. Tenemos un artista que construye, desde su intervención con la obra de arte, un nuevo espectador. Sin embargo, su arte tiene una característica especial. Este espectador no estaba preparado para comprender esta nueva significación que se ha dado al objeto artístico. En el caso de L.H.O.O.Q es evidente la polémica que por la obra se dio en su momento, y será igual en la presentación de La Fountain, obra que Duchamp firmó con un seudónimo. ![]() Fountain. 1917 Pero ¿qué pasa con el espectador que no está inserto en esta misma situación de comunicación?, ¿cómo comprende eso que está allí sugerido, en la obra misma?. El objeto artístico no puede construirse sin otro que medie su interpretación; pienso que Duchamp recurrió a los “lugares comunes” para seducir a su espectador… lo anormal, lo irónico, el sexo, el rompimiento de la norma – ya sea social o de otro tipo – es lo que le dio la clave de lectura para integrar y convocar a su espectador a reconocer su significación. Duchamp apeló al sujeto que buscaba un reafirmación profunda en un momento fundamental en el desarrollo de la historia, convoca un espectador con criterio de disenso. Pasarán generaciones y algunas volverán a Duchamp para reencontrar allí la fuerza necesaria que valide su búsqueda frenética. 1BARILLI, Renato. El arte contemporáneo: de Cezanne a las últimas tendencias. Bogotá : Norma, 1998. p 248 Acerca de la autora: |
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| Oficio de Lectores |
Este es un libro inusual en la literatura venezolana porque en él como se ha dicho su autor “analiza, especula, narra y crea”(p.VII). Pero es mucho más porque pocas veces lo mejor de la lección de Jorges Luis Borges(1899-1986) ha sido atendida y desarrollada como lo hace Rodríguez en estos textos que parecen a veces cuentos pero son ensayos, prosas en las cuales penetra hondamente la invención narrativa. |
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| Los Penetrables de Soto: el espectador como epicentro de la obra |
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Tal vez una de sus mayores aportaciones fueron sus penetrables, por medio de los cuales logró integrar al hombre a la obra de arte y redujo la distancia entre el arte y la vida, si utilizamos una expresión de Arthur Danto. |