Martes, 02 de Septiembre de 2014

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Manuelita Sáenz Apócrifa

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Por: R.J.Lovera De-Sola

El primer acto de falacia histórica cometido por el chavismo, cuando aun no estaba en el poder, fue un libro desfigurador de la personalidad de Manuelita Saenz(1797-1856), no sabemos porque no se ha reparado entre nosotros en esta obra que constituye el ejercicio más amplio hecho por falsificar la historia latinoamericana, de intentar abolirla como nos ha enseñado Manuel Caballero(1931-2010), creando para ello una serie de documentos y papeles falsos. Es así como se ha cumplido la más amplia labor de crear elementos apócrifos en torno a la figura de Simón Bolívar(1783-1830) y su relación con Manuela Saenz, la cuarta mujer fundamental de su vida. La otras tres fueron su esposa María Teresa del Toro(1781-1803), Fanny du Villars en sus días en París y Josefina Machado en sus días de Caracas, el Caribe y Angostura. Pepita, como le decían, fue la única que pudo haber sido su segunda esposa pues tanto Fanny como Manuelita eran mujeres casadas.

Esto, a lo que nos referimos, se ha hecho inventado una serie de folios que ellos no escribieron sino que fueron concebidos mucho después, en días finales del siglo XX, por una serie de perpetradores de hojas falsas con las cuales, y ello es lo más grave, se distorsiona el sentido de la historia y se pretende contar la peripecia de estos dos personajes a través de infolios concebidos para dar otra idea de una relación personal e íntima distinta, o con otros elementos, que la que realmente acaeció, aquella que conocemos gracias a los testimonios sobre ella que han llegado hasta nosotros y que los historiadores han analizado desde mucho tiempo atrás. Sobre todo en el caso de la quiteña por el ecuatoriano Alfonso Rumazo González(1903-2002) y el alemán Víctor von Hagen(1908-1985) en los certeros libros que le dedicaron.

Las desfiguraciones a las que nos referimos las encontramos en la serie de tres libros: Patriota y amante de Usted.(México: Diana, 1993. 297 p.) editado bajo la dirección Heinz Dieterich; el libro de Carlos Alvarez Saa: Manuela: sus diarios perdidos y otros papeles.(Quito: Imprenta Mariscal, 1995. 164, 55 p.) y Las más hermosas cartas de amor entre Manuela y Simón.(Caracas: Fundación Editorial El Perro y la Rana, 2006. 203 p.), en los tres volúmenes prácticamente se publican los mismos textos con una serie de añadidos para hacer pasable la obra y en la tercera, publicada por Ministerio de la Cultura/Gobierno Bolivariano de Venezuela, se añaden algunos documentos que son ciertos con otros, procedentes de la gran falsificación ante la cual estamos, procedentes de las dos ediciones anteriores. Desde el primero se trató, como lo leemos(p.261), de una obra fabricada al calor del golpe de estado del 4 de febrero de 1992, en ella ya figura el ideario chavista y el elogio de la personalidad del principal activista de aquella tentativa contra la democracia. En el prólogo de Patriota y amante de Ud. ya se hace referencia al ideario al cual nos tiene acostumbrado el presidente Chávez, en aquel momento sólo un insurrecto preso en la cárcel de Yare, a donde fue a verlo uno de los autores de esta serie de plagios documentales que ahora se exponen ante el público como si fueran ciertos. Es la más grande falsificación de documentos bolivarianos y de muchos otros atribuidos a Manuelita de la cual tengamos conocimiento quienes estudiamos con atención la historia de la emancipación latinoamericana y las vidas de dos de sus protagonistas, decisivos como fue el caso de Bolívar. ¿Puede llamarse bolivariano un gobierno que prohíja semejante plagio de la historia y de los papeles que hablan de ella, lo cual permite a los historiadores estudiarla y comprenderla, cosa que no se puede hacer si antes de hacerlo no se procede, como primer acto, a establecer la veracidad de los papeles que narran la historia que se va a historiar. Para ello hay varios pasos fundamentales, pisadas metodológicas, que los historiadores y los estudiosos de la memoria colectiva conocen bien, los cuales hay que transitar antes de llegar a cualquier conclusión. Pero nada es tan contrario a ellos que lo que encontramos en estos libros: en vez de seguir los pasos del investigador se inventan previamente una serie de hojas sobre esos personajes para en ellos basar la historia que se desea contar. Y si no es la primera vez que se falsifican o inventan documentos sobre el pasado, pero si es esta la más amplia creación de documentos apócrifos sobre Bolívar y Manuelita que conozcamos.

Historia de la Relación
Vamos a la historia, la llamada “casta”, que es la que hace con documentos. Simón Bolívar y Manuela Saenz se conocieron en Quito el 16 de junio de 1822. Los papeles de Bolívar a ella que conocemos son los siguientes:

Dice Víctor von Hagen, autor de la que consideramos es hoy la mejor biografía de Manuelita dado el numerosos cúmulo de documentación que consultó, más que la que pudo examinar Alfonso Rumazo González, el primer biógrafo serio de la Saenz. Dice el alemán que la primera carta que Bolívar escribió a Manuela se la remitió desde el pueblo de Yucanquer(Diciembre 22, 1822), a los seis meses de haberse conocido(Las cuatro estaciones de Manuela. Bogota:Círculo de Lectores,1982,p.75). Esta misiva no ha llegado hasta nosotros.

El 14 de marzo de 1823 preguntó al general Antonio José de Sucre(1795-1830):“Dígame Ud. cómo está el estado moral de doña Manuela que está muy tibia, o muy enferma según dice ella”(Escritos del Libertador. Caracas: Sociedad Bolivariana de Venezuela/Academia Nacional de la Historia,1964-2009. 32 vols. La cita aquí proviene del t.XXIV,p.145).

De 1824, desde Otuzco, Perú, supuestamente redactada en el mes de Abril, esta, “Mi amor: Estoy muy triste a pesar de hallarme entre lo que más me agrada, entre los soldados y la guerra, porque solo tu memoria ocupa mi alma, pues solo tú eres digna de ocupar mi atención particular.

Me dices que no te gustan mis cartas porque te escribo con unas letrazas tan grandotas; ahora verás que chiquitito te escribo para complacerte. No ves cuántas locuras me haces cometer por darte gusto..”(Escritos del Libertador,t.II, Vol.I,p.297). Donde hemos colocado los puntos suspensivos es donde termina el documento tal cual nos ha llegado. Fue dictada, lo que siempre hacía Bolívar, a su edecán Belfrod Hinton Wilson(1804-1858), en cuyos brazos, por cierto, murió el Libertador, seis años mas tarde.

La siguiente se la escribió el Libertador desde Ica, Perú(Abril 20,1825) y le dice: “Mi bella y buena Manuela: Cada momento estoy pensando en ti y en el destino que te ha tocado. Yo veo que nada en el mundo puede unirnos bajo los auspicios de la inocencia y el honor. Lo veo bien y gimo de tan horrible situación por ti; porque te debes reconciliar con quien no amabas; y yo porque debo separarme de quien idolatro!!! Si, te idolatro hoy más que nunca jamás. Al arrancarme de tu amor y de tu posesión se me ha multiplicado el sentimiento de todos los encantos de tu alma y de tu corazón divino, de ese corazón sin modelo.

Cuando tú eras mía yo te amaba mas por tu genio encantador que por tus atractivos deliciosos. Pero ahora ya me parece que una eternidad nos separa porque mi propia determinación me ha puesto en el tormento de arrancarme de tu amor, y tu corazón justo nos separa de nosotros mismos, puesto que nos arrancamos el alma que nos daba existencia, dándonos el placer de vivir. En lo futuro tu estarás sola aunque al lado de tu marido. Yo estaré solo en medio del mundo. Solo la gloria de habernos vencido será nuestro consuelo. El deber nos dice que ya no somos más culpables!. No lo seremos más”(Escritos del Libertador,t.III,Vol.II,p.9-10). Esta angustiosa misiva era producto de saber que ella era una mujer casada, pero, pese a todo no llegaron a separarse, ella dejó a su esposo, el inglés James Thorne(c1770-1847). Fue ese mismo año que Manuelita se separó de su marido enviando una celebre carta, nosotros la consideramos el primer documento del feminismo latinoamericano, misiva cuya copia envió a Bolívar, se conserva porque el Libertador la guardó en su archivo, por ello pudo publicarla el general Daniel Florencio O’Leary(1801-1854) en sus Memorias(2ª.ed.aum. Caracas: Ministerio de la Defensa, 1981,t.XXXII,p.377-378), el original de esta epístola no tiene ni lugar ni fecha de redacción pero data del año 1825 el mismo de la carta del Libertador que hemos citado.

De 1825 es esta, que traen tanto Rumazo como von Hagen: “Estoy en cama y leo tu carta del 2 de Septiembre. No sé lo que más me sorprende: si el mal trato que tú recibes por mí o la fuerza de tus sentimientos, que a la vez admiro y compadezco.

En camino a esta villa te escribí diciéndote que si querías huir de los males que temes, te vinieses a Arequipa, donde tengo amigos que te protegerán. Ahora te lo vuelvo a decir.

Dispénsame que no te escriba de mi letra: tú conoces ésta. Soy tuyo de corazón: Bolívar”(Alfonso Rumazo González: “Manuela Saenz, la libertadora del Libertador”(1944) en sus Ocho grandes biografías. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República, 1993, t.I,p.565; también en Victor von Hagen: Las cuatro estaciones de Manuela,p.163).

De los tiempos anteriores a su regreso a Lima, de 1826, debe ser esta esquela que publica von Hagen:”Quiero desesperadamente volver a Lima. Si no hago otra cosa, pienso constantemente, de día y la noche entera, en tus encantos y tu amor por mí, y en mi regreso, y en lo que harás, y en lo que haremos cuando estemos juntos de nuevo”(Las cuatro estaciones de Manuela,p.164).

Dice Rumazo que esta es de dos meses más tarde, ya sin duda del año 1826, pues indica que fue escrita en la Quinta La Magdalena, vuelto el Libertador de su viaje al sur del Perú y a la naciente Bolivia, periplo que indica Rumazo que Manuelita se le unió. Sin dudar de Rumazo, historiador muy cuidadoso, debemos decir que es esta viaje a Manuelita no tenemos otras noticias ciertas. En la carta se lee:

“Mi adorada:
¿Con que tu no me contestas claramente sobre tu terrible viaje a Londres?¿Es posible, mi amiga? ¡Vamos! No te vengas con enigmas misteriosos. Diga Ud. la verdad y no se vaya usted a ninguna parte. Yo lo quiero resueltamente.
Responde a lo que te escribí el otro día de un modo que yo pueda saber con certeza tu determinación.
Tú quieres verme siquiera con los ojos. Yo también quiero verte, y reverte, y tocarte, y saborearte y unirte a mi por todos los contactos. ¿A qué no quieres tanto como yo? Pues bien, esta es la más pura y la más cordial verdad. Aprende a amar y no te vayas ni aun con Dios mismo.
A la mujer única, como tú me llamas a mi. Tuyo, Bolívar”(Ocho grandes biografías,t.I,p.569; también está en Victor von Hagen: Las cuatro estaciones de Manuela,p.161).

El Libertador volvió a escribirle(Noviembre 26,1825) desde La Plata, Bolivia, le dijo entonces: “Mi amor:¡¿Sabes que me ha dado mucho gusto tu hermosa carta?! Es muy bonita la que me ha entregado Salazar. El estilo de ella tiene un mérito capaz de hacerte adorar p[or] tu espíritu admirable. Lo q[ue] me dices de tu marido es doloroso y gracioso a la vez. Deseo verte libre pero inocente justamente; por[que] no puedo soportar la idea de ser el robador de un corazón q[ue] fue virtuoso, y no lo es p[ara] mi culpa. No sé como hacer para consiliar[sic] mi dicha y la tuya con tu deber y el mío: no sé cortar este nudo q[ue] Alexandro con su espada no haría más q[ue] intrincar más y más; pues no se trata de espada ni de Fuerza, sino de amor puro y de amor culpable: de deber y de falta: de mi amor, en fin, con Manuela la Bella”(Escritos del Libertador,t.III,Vol.II,p.58. El subrayado es del Libertador). Por cierto, para los lectores de hoy, cuando Bolívar escribe “consiliar” no comete un error de ortografía ya que en su época las normas de la Real Academia no habían sido fijadas, lo fueron en 1844, catorce años después de su muerte.

La siguiente, ya salido el Libertador del Perú, en donde vivía con Manuelita, separada del marido, en la quinta La Magdalena, en las afueras de Lima, le escribió desde Ibarra, Ecuador(Octubre 6,1826) esta carta: “Mi encantadora Manuela: Tu carta del 12 de septiembre me ha encantado: todo es amor en ti. Yo también me ocupo de esta ardiente fiebre q[ue] nos debora como a dos niños. Yo, viejo, sufro el mal q[ue] ya debía haber olvidado. Tu sola me tienes en este estado. Tú me pides q[ue] te diga q[ue] no quiero a nadie. ¡O no!, a nadie amo: a nadie amaré. El altar q[ue] tu habitas no será profanado p[or] ídolo ni otra imagen, aunq[ue] fuera la de Dios mismo. Tú me has hecho idólatra de la humanidad hermosa o de Manuela. Créeme: te amo y te amaré sola y no más. No te mates. Vive p[ara] mi y p[ara] ti: vive p[ara] que consueles a los infelices y a tu amante q[ue] suspira p[or] verte.

Estoy tan cansado del viage y de todas las quejas de tu tierra q[ue] no tengo tiempo p[ara] escribirte con letras chiquiticas y cartas grandotas como tu quieres. Pero en recompensa si no reso, estoy todo el día y la noche entera haciendo meditaciones eternas sobre tus gracias y sobre lo q[ue] te amo, sobre mi vuelta y lo q[ue] harás y lo q[ue] haré cuando nos veamos otra vez. No puedo más con la mano. No sé escribir”(Escritos del Libertador,t.III, Vol.II,p.99). Desde luego las palabras “viage” y “reso” no son errores de ortografia de Bolívar, así se escribían entonces.

El 3 de abril de 1828 Bolívar, desde Bucaramanga, escribió a Manuelita:”Albricias. Recibí, mi buena Manuela, tus tres cartas que me han llenado de mil afectos: cada una tiene su mérito y su gracia particular. No falté a la oferta de carta, pero vi a Torres y la mandé con Ur[¿Urdaneta?], que te la dio. Una de tus cartas está muy tierna y me penetra con ternura, la otra me divirtió mucho por tu buen humor y la tercera me satisface de las injurias pasadas y no merecidas. A todo voy a contestar con una palabra más elocuente que tu Eloisa, tu modelo. Me voy para Bogotá. Ya no voy a Venezuela. Tampoco pienso pasar a Cartagena y probablemente nos veremos muy pronto. ¿Que tal?¿no te gusta?. Pues, amiga, así soy yo que te ama de toda su alma. (Cartas del Libertador. Caracas: Fundación Vicente Lecuna/Banco de Venezuela,1964-70. 8 vols. La cita aquí procede del t.VI,p.234. Los subrayados son del propio Libertador. La carta está también en los Escritos del Libertador,t.III,Vol.II,p.200-201). En esta carta sin duda Ur. es el general Rafael Urdaneta(1888-1845) por ello lo indicamos entre paréntesis. Cuando se refiere a “tu Eloísa” sin duda lo hizo pensando en Eloísa(1101-1164) la legendaria amante secreta de Pedro Abelardo(1079-1142) en la Edad Media, ambos ha pasado a la historia como dos de los grandes amantes de todos los tiempos(ver Georges Duby: Damas del siglo XII. Madrid:; Alianza Editorial,1995,p.63-93).

Durante un día indeterminado, seguramente el mes el agosto de ese mismo año, encontramos una referencia de Bolívar a Manuelita, excusando su comportamiento en una fiesta(Agosto 10,1828), en una carta al general José María Córdova(1799-1829). En el pasaje que nos interesa se lee:”En cuanto a la amable loca. ¿Qué quiere Ud. que yo le diga a Ud.?. Ud. la conoce de tiempo atrás. Yo he procurado separarme de ella, pero no se puede nada contra una resistencia como la suya; sin embargo, luego que pase este suceso, pienso hacer el más determinado esfuerzo por hacerla marchar a su país o donde quiera. Más diré que no se ha metido nunca sino en rogar, más no ha sido oída sino en el asunto del C.Alvarado, cuya historia no me daba confianza en su fidelidad. Yo la contaré a Ud. y verá Ud. que tenía razón. Ud., mi querido Córdoba, no tiene que decirme nada que yo no sepa, tanto con respecto al suceso desgraciado de estos locos, como con respecto a la prueba de amistad que Ud. me da. Yo no soy débil ni temo que me digan la verdad. Ud. tiene más razón, tiene una y mil veces razón; y, por lo tanto, debo agradecer el aviso que mucho debe haber costado a Ud. dármelo, más por delicadeza que por temor de molestarme, pues yo tengo demasiada fuerza para rehusar ver el horror de mi pena...Rompa Ud. esta carta que no quiero que se quede existente este miserable documento de miseria y tontería. Soy de Ud. afmo.amigo y de corazón: Bolívar” (Cartas del Libertador,t.VI,p.396). De esa fiesta hay una referencia escrita por la propia Manuelita al general Daniel Florencio O’Leary en su relación sobre los sucesos del día del atentado(Septiembre 25,1828) al Libertador que este publicó en sus Memorias(t.XXXII,p.370). Gracias a su destemplada actitud Manuelita salvó aquella noche la vida al Libertador como lo haría otra vez el mes siguiente en el atentado, gracias a su valiente actitud aquella noche, “Su serenidad y valor ahorraron a nuestra patria la vergüenza del asesinato del Héroe” como escribió el doctor Vicente Lecuna(1870-1954) en su Breviario de idas bolivarianas. (Caracas: Cámara de Comercio, 1970, p.25) pues los conspiradores fueron encabezados por el tristemente célebre oficial venezolano Pedro Carujo(1801-1836). De esa triste noche quedó además la cumplida memoria que de sus sucesos escribió la propia Manuelita desde Paita (Agosto 10,1850) para el general O’Leary(Memorias del general O´Leary, t.XXXII,p.363-375)

Hay cerca de la fecha de carta anterior, no tiene fecha pero está impresa en las Cartas del Libertador después de la anterior. Sin embargo, dice el doctor Lecuna, la mayor autoridad en su época, y aun hoy, en los papales del Libertador, que cuando la conoció creyó que era de 1827 y así la publicó en sus Papeles de Bolívar(Caracas: Litografía del Comercio, 1917. XI,476 p.), después llegó a la conclusión que debía ser de 1828. En ese año Bolívar y Manuelita vivían en Bogotá, muy cerca el uno del otro, prácticamente enfrente. La carta de Bolívar que citamos ahora es brevísima, lo que en ese tiempo se conocía como un billete amoroso: ”El yelo de mis años se reanima con tus bondades y gracias. Tu amor da una vida que está expirando. Yo no puedo estar sin ti, no puedo privarme voluntariamente de mi Manuela. No tengo tanta fuerza como tú para no verte: apenas basta una inmensa distancia. Te veo aunque lejos de ti. Ven, ven, ven luego. Tuyo de alma” (Cartas del Libertador, t.VI, p.397; está también en los Escritos del Libertador,t.III,Vol.II,p.208-209). La palabra “yelo”, que usa Bolívar, debe leerse hoy como “hielo”.

La última carta que Bolívar le escribió fue la enviada después de su salida de Bogotá, día en que se vieron por última vez la dos amantes(Mayo 8,1830), a siete meses de la muerte del Héroe. Esa comunicación, de solo siete líneas, la escribió desde el pueblo de Guaduas(Mayo 11,1830) durante su viaje a la costa atlántica en donde rendiría la vida. En ella se lee: “¡Mi amor!: Tengo el gusto de decirte q[ue] voy muy bien y lleno de de pena por tu aflicción y la mía por nuestra separación. Amor mío: mucho te amo, pero más te amaré si tienes ahora más q[ue]nunca mucho juicio. Cuidado con lo q[ue] haces, pues si no, nos pierdes a ambos, perdiéndote tú. Soy siempre tu más fiel amante. Bolívar”(Escritos del Libertador,t.III, Vol.II, p.262). Esta carta, cosa no usual en Bolívar, a quien siempre le gustó dictar su correspondencia, es enteramente autógrafa suya.
Esta fue la última carta que Bolívar le remitió, como está documentalmente comprobado.

Cartas de Manuelita a Bolívar
Víctor von Hagen cita como la primera carta de Manuelita a Bolívar(Diciembre 28,1822) esta: “En la apreciable de usted, fecha 22 del presente, me hace ver el interés que ha tomado en las cartas de mi pertenencia. Yo le doy a usted las gracias por esto, aunque más las merece usted porque considera mi situación presente. Si esto sucedía antes, que estaba más inmediata, ¿qué será ahora que está a más de sesenta leguas de aquí? Bien caro me ha costado el triunfo de Yucanquer. Ahora me dirá que no soy patriota por todo lo que le voy a decir. Mejor hubiera querido yo triunfar en él y que no haya diez triunfos en Pasto.

Demasiado considero a usted lo aburrido que debe estar usted en ese pueblo; pero, por desesperado que usted se halle, no ha de estar tanto como lo está la mejor de sus amigas, que es: Manuela”(Los cuatro estaciones de Manuela,p.75). En Yacanquer se había efectuado en esos días una batalla(Diciembre 24,1822).

Rumazo cita esta carta(Noviembre 27,1825): “Estoy muy brava y muy enferma. Cuán cierto es que las grandes ausencias matan el amor y aumentan las grandes pasiones. Ud. que me tendría un poco de amor, por la gran separación lo acabó. Yo por usted tuve pasión, y ésta la he conservado por conservar mi reposo y mi dicha, que ella existe y existirá mientras viva Manuela.
El general [Arthur]Sandes llegó y nada me trajo. ¿Tanto le cuesta escribirme? Si tiene Ud. que hacerse violencia, no lo haga nunca.
Yo salgo el primero de diciembre(y voy porque usted me llama), pero después no me dirá que vuelva a Quito, pues más bien quiero morir que pasar por sinvergüenza.

Estoy con un gran dolor de cabeza, y en cama me dio el general Sandes”(Ocho grandes biografías. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República, 1993, t.I, p.566).

La siguiente, citada también por Rumazo, la escribió Manuelita, en 1828, desde la Quinta Bolívar, la casa del Libertador en Bogotá. Cuando la escribió Manuelita, Bolívar estaba en Bucaramanga(Marzo 31-Junio 9,1828), esperando los resultados de la Convención de Ocaña(Abril 9-Junio 10,1828):

“En correo pasado nada dije a Ud. sobre Cartagena, por no hablar a usted de cosas desagradables; ahora lo hago felicitándole, porque la cosa no fue como lo deseaban. Esto más ha hecho [Francisco de Paula]Santander, no creyendo lo demás bastante: es para que lo fusilemos.

Dios quiera que mueran todos estos malvados que se llaman [Francisco de]Paula, Padilla, Páez, pues de este último siempre espero algo. Sería el gran día de Colombia el día que estos viles muriesen; éstos y otros son los que le están sacrificando con sus maldades para hacerlo víctima un día u otro. Este es el pensamiento más humano: que mueran diez para salvar millones.

Incluyo a usted esas dos cartas de Quito, y creo de mi deber decir a usted que ese señor Torres es hombre muy honrado y buen amigo. Si lo hace, yo quedo contenta, y si no, también, pues yo cumplo con Aguirre con esta insinuación y usted sabe bien que jamás he hablado a usted más que por desertores o condenados a muerte; si usted los ha perdonado, lo he agradecido en mi corazón sin hacer ostentación; si no les ha perdonado, lo he disculpado y sentido sin sentirme; yo sé bien cuánto puedo hacer por un amigo y, ciertamente, no es comprometer al hombre que mas idolatro.

Adiós, señor. Hace cinco días que estoy en cama con fiebre, que creí tabardillo, pero he cedido y sólo tengo ya poca calentura, pero mucho dolor de garganta y apenas puede escribir su Manuela”(Ocho grandes biografías,t.I,p.588). Con razón anota Rumazo “De todas las cartas que han quedado de la quiteña, ésta es, sin duda, la que revela más exactamente su personalidad”(Ocho grandes biografías, t.I,p.588).

En otra, que recoge Rumazo, de los días anteriores a su instalación en la Quinta Bolívar, “Señor: yo sé que usted estará enfadado conmigo, pero yo no tengo la culpa; entré por el comedor y vi que había gente; mandé llevar candela para sahumar unas sábanas al cuarto inmediato, y al ir para allá me encontré con todos. Con esta pena ni he dormido, y lo mejor es, señor, que yo no vaya a su casa sino cuando usted pueda o quiera verme.

Dígame si come algo antes de toros.
P.S. Va un poco de almuerzo que le gustará.¡Coma, por Dios! ¿No?”(Ocho grandes biografías,t.I,p.589).

Estas son las únicas cartas de Manuelita que han llegado hasta nosotros. No hay otras.

En los meses que siguieron desde la última carta del Libertador a Manuelita, 11 de Mayo de 1830, hasta su deceso, 17 de Diciembre de 1830, si hubo alguna correspondencia esta no ha llegado hasta nosotros. Sabemos si que fue Manuelita que mandó a San Pedro Alejandrino a Fernanda Barriga, la cocinera ecuatoriana que atendió a Bolívar en sus últimos días. Lo otro que existe también es una misiva a Manuelita escrita por el coronel Luis Perú de Lacroix(c1780-1837) a Manuelita. Esta le pidió ir a Santa Marta a visitar al Libertador y ver como se encontraba. El autor del Diario de Bucaramanga lo encontró agonizando y cuando escribió a Manuelita ya había muerto, cosa de la que no fue testigo aquel edecán de Bolívar, pues, como él mismo lo dice, dejó Santa Marta el día 16 de Diciembre, el anterior al deceso de Bolívar. Pero en los cuatro días en que estuvo(Diciembre 12-16) como él mismo lo indica había “dejado a S[u] E[xcelencia] en un estado de agonía que hacía llorar a todos los amigos que le rodeaban”(citado por Alfonso Rumazo González: Ocho grandes biografías,t.I,p.629). Por lo demás la carta es muy conocida y esta citada completa en diversas fuentes.

Cuando Manuelita supo la noticia de la muerte de Bolívar intentó suicidarse haciéndose morder por una víbora como la reina Cleopatra(69-30 aC). La lograron salvar. Esto lo conocemos por el testimonio de Juan Bautista Boussingalt(1802-1887) quien lo consignó en sus memorias. Por cierto, por lo que leemos en las memorias del científico galo, no queda duda que él se enamoró de Manuelita, ¿pero como poder pretender a la esposa del presidente general Bolívar?. Muchos de sus observaciones sobre Manuelita tienen para nosotros esa explicación, aunque la pinta tal cual fue, es quien mejor no revela quien fue aquella singular mujer.

Para un Análisis
Para examinar los documentos que nos hablan de pasado hay que examinarlos con pormenor. Lo que se llama la crítica interna y externa. Esto debe llevar a establecer su veracidad porque en ese proceso no sólo hay que descubrir la verdad de cada testimonio sino llegar hasta examinar si el papel en que está escrito cada documento pertenece a la época del cual data, si la tinta era la que se usaba entonces y si la letra con la cual se redactaron era la propia del personaje que la concibió. Con todos estos hechos nos encontramos al analizar los contenidos de estos tres libros que han lugar a la serie de observaciones que aquí consignamos.

Pero ello es falacia todo lo se atribuye haber hecho al general Antonio de La Guerra Montero(1798-1862), zuliano, prócer y amigo de Manuelita en Paita, sobre todo en el volumen Manuela: sus diarios perdidos y otros papeles. Se dice que este estuvo presente en su agonía y entierro, esto sabemos que es cierto. Al general de La Guerra, cuyo apellido parece una metáfora pero en verdad es el suyo propio, se le atribuye, para dar sustento a estas obras, el hecho de haber entrado en la casa de Manuelita, después de sus exequias, y tras haber sido incendiada la vivienda para evitar el contagio de la difteria de la cual murió ella, haber penetrado con varios sirvientes a la residencia y haber rescatado un baúl donde estaban los papeles de Bolívar que Manuelita conservaba. En verdad ello no fue así: lo incendiado fueron todas las partencias de Manuelita, incluidos los papeles, pero no la casa. Sus objetos personales fueron sacados afuera e incinerados. Por ello los papeles, casi todos inventados y la mayoría colocados en estos libros sin hacerle los análisis previos que deben hacerse, los que hallados ahora, alrededor de 1993, son los que se publican en estas obras, todos, se dice, rescatados de ese supuesto baúl. Todo esto es una inmensa patraña. Pero para nada se tienen en cuenta hechos que mucho llaman la atención. Si el genertal de La Guerra Montero penetró en la vivienda, sabemos que no lo hizo. Pero si lo hubiera hecho: ¿no tenía el prócer el miedo que todos tenían en la época a la enfermedad contagiosa de la que murió Manuelita?, ¿él no temía el contagio como los demás?, esa es una interrogante que no se han hecho los supuestos compiladores de estos libros. El miedo a una enfermedad contagiosa y sobre todo a la difteria o a la tuberculosis era un hecho cotidiano en esa época y durante mucho tiempo después lo siguió siendo. Por ello se quemaban todas las pertenencias de la persona muerta para evitar el contagio. Y en el caso de Manuelita habían muerto sus fieles servidoras y ella misma. Ese miedo es el mismo que hoy tenemos ante el sida, enfermedad de contagio, sexual en su caso. Y a estos falsificadores de papeles históricos, como les faltara un argumento para decir de donde provenían las cartas y diarios de Manuelita por ello impresos han apelado primero al inventado baúl y segundo a una supuesta carta que el general de La Guerra Montero escribió a su esposa contándole el hallazgo. Esta misiva no estaba en la edición de 1993 y aparece por vez primera en la de 1995 junto con una fotografía de su “original”. Pero para nada en los libros se nos dice en que lugar fue encontrada la misiva, dónde estaban los papeles del oficial o que archivo los guardaba y ni siquiera se nos ofrece ningún análisis sobre la verdad de este hecho y de la veracidad de la escritura en la cual está redactada la carta. No sabemos si lo que vemos en su fotografía(1995,p.150) es la letra del general de La Guerra Montero o una carta inventada mucho después para justificar esta serie de plagios. Y esto es posible decirlo porque al lado, en la página siguiente, está otra carta, sin duda supuesta, del general Antonio José de Sucre escrita el 10 de diciembre de 1824, es decir al día siguiente de la batalla de Ayacucho, en la cual da cuenta al Libertador sobre la presencia de Manuelita en la batalla. Sin embargo, en la carta auténtica, que está en el Archivo de Sucre, en ningún momento menciona a Manuelita ni a ninguna mujer y sólo lo hace de varios oficiales que participaron en la batalla. Tampoco cita a Manuelita ni a ninguna mujer en la misiva escrita al Libertador la misma noche de la batalla(Diciembre 9,1824) ni en ninguna de las del día siguiente, 10 de Diciembre, ni del 11 de Diciembre, registradas en la misma fuente. La carta citada en la obra que criticamos es sin duda apócrifa, no es la que escribió Sucre el 10 de diciembre de 1824 la cual conocemos bien y la versión publicada fue pasada por el tamiz de la crítica por expertos editores de documentos del período. La verdadera carta del mariscal Sucre está en el Archivo de Sucre(Caracas:Fundación Vicente Lecuna/Banco de Venezuela,1976,t.IV,p.482-483).

Hay otra cosa más que hay que decir: sabemos, desde mucho tiempo atrás, el estudio del doctor Lecuna data de 1945, pocos meses después de la publicación del libro de Rumazo, que Manuelita no estuvo presente en la batalla de Ayacucho. Pero en el supuesto, sabemos que no fue así, en ningún momento el Estado Mayor le hubiera permitido participar en la batalla. Y no por ser la novia del Libertador, sino por ser contrario a la disciplina militar. Y un hombre tan riguroso como lo era el general Sucre no lo hubiera permitido.

Desde que el primero de estos tomos apareció, Patriota y amante de Usted, dudamos al leerlo ampliamente de su contenido, de su veracidad, la falsificación saltaba a la vista. Lo vimos como otra prueba de los afanes de los falsificadores de documentos de la historia, que siempre han abundado. No nos pareció que el intento podría tener continuidad. Pero la tuvo. Y a la sombra del poder, de un gobierno que se considera heredero del Libertador, cuyos voceros no se han detenido en falsificar la historia y los papeles que nos hablan de ella. Si la historia no es verdad no es historia. Y hay un camino, un modo, un método bien conocido, para llegar a la verdad histórica.

Estos dos hechos nos llevaron a dudar otra vez más de la veracidad de lo que leímos. Y nos llevaron al estudio y cotejo de cada pieza con el original conocido y publicado, teniendo en cuenta en cada caso si la epístola existe, si es posible que en la fecha que se le da en estos volúmenes Bolívar o Manuelita las hayan escrito y si estaban en los sitios en que se dice en estas obras que estaban, tal, por ejemplo, el supuesto viaje a Manuelita a Bolivia del cual no nos habla sino uno de sus autorizados biógrafos, Rumazo.

Pero hemos podido observar también como se han popularizado estos falsos libros y cómo mucha gente cree en su veracidad, tanto que hace poco escuchamos a una señora afirmar por la radio que ella tenía prueba documental de la participación de Manuelita en las batallas de Junín(Agosto 6,1824) y de Ayacucho(Diciembre 9,1824), cosa que sabemos no ocurrió. La historia veraz ha aclarado los itinerarios, especialmente a través de un estudio del ya citado doctor Lecuna(“Papeles de Manuela Saenz” en su Breviario de ideas bolivarianas,p.25-30).

En los libros a los que nos referimos, como se trata de los papeles de Bolívar que guardaba Manuelita, hay también publicados una serie de cartas dirigidas por Bolívar a otras personas, incluso desde 1813. Las hemos estudiado también, algunas no aparecen en las Cartas del Libertador, ni en sus Obras completas(La Habana: Editorial Lex,1947.2 vols), ni en los Escritos del Libertador y en otras, que si aparecen, se han hecho intercalaciones que no están en los originales.

Diarios de Quito y Paita
Se incluyen en estos libros unos supuestos Diarios de Manuelita escritos en Quito y Paita de los cuales no hemos encontrado trazo alguno en las obras que se refieren a ella. Son sin duda falsos. No hay trazas de que Manuelita los haya escrito.

Diario de Bucaramanga
El fragmento del Diario de Bucaramanga que se inserta en dos de estas ediciones(Patriota y amante de Usted,1993 y Manuela, sus diarios y otros papeles, 1995), en la tercera(Las más hermosas cartas de amor entre Manuela y Simón,2006) fue suprimido, es apócrifo, no está en ese escrito. Además en las hojas que se nos ofrecen se citan datos que no aparecen en él y se llena de malas palabras, groserías, el modo de hablar del Libertador, cosa que tampoco encontramos en el Diario de Bucaramanga en ningún momento, nunca en sus escritos ni en ninguna referencia de algún testigo de su vida. Quizá los inventores pensaron que así se haría más humano, ¡qué equivocación!. ¡Es una tergiversación inaudita, una más!.

Debemos señalar que en el Diario de Bucaramanga nunca se cita a Manuelita. De esos meses de la vida de Bolívar lo único que conocemos es una carta enviada(Abril 3,1828) por él a Manuelita, la hemos trascrita antes completa.

La mayor parte del fragmento del Diario de Bucaramanga que leemos en Patriota y amante de Ud. y en Manuela: sus diarios perdidos y otros papeles, se suprimió en Las más hermosas cartas de Manuela y Simón, está dedicado a un asunto que nos ha llegado a través de la tradición oral, es pues una leyenda, no sabemos si con fundamento o no. Es el episodio de los “zarcillos” que pudo suceder pero que el Diario de Bucaramanga no registra. Además hay otro añadido: es la expresión del Libertador llamando a Manuelita “amable loca” la cual es cierta pero está en una carta escrita tiempo después, posiblemente en el mes de julio del mismo 1828(Cartas del Libertador, t.VI,p.396) pero la cual no está en el escrito de Peru de Lacroix sino que fue dirigida por Bolívar a un oficial pidiéndole excusas por cierta conducta de Manuelita en una fiesta en septiembre de ese mismo año aunque hoy comprendemos que pese a la protesta del oficial ante el Libertador Manuelita tuvo al razón de hacer aquel escándalo, que fue considerado un despropósito político, pero circulaba, y a ella había llegado la noticia, que el Libertador sería asesinado cuando llegara a la fiesta y ella hizo aquello, molestó tanto a Bolívar que se fue de la celebración. Con ello Manuelita logró su propósito ya que no había logrado convencerlo de lo que se tramaba contra él y de no que debía asistir a aquella celebración.

La carta que Bolívar escribió a Manuelita desde Bucaramanga puede leerse también en las Cartas del Libertador(t.VI,p.234), ya la hemos citado. Todo el fragmento que ahora leemos, en Patriota y amante de Ud., cuatro páginas(p.95-98), es totalmente inventado.

Y lógico tampoco deben ser ciertas las diez cartas que en el mismo fragmento dice que Bolívar escribió a Manuela en un solo día. Estas epístolas están colocadas en el mismo libro(Patriota y amantes de Ud.,p.99-105) después del llamado Diario de Bucaramanga. Estas además no han llegado hasta nosotros.

También los papeles de Manuelita dirigidos a Bolívar son pocos como pocas son las cartas del Libertador a ella. Para poder certificar, para poder estudiar y examinar las cartas de Manuelita habría que haberlas encontrado en sus originales para poder analizarlas, cotejarlas y citarlas como pertenecientes a una colección bien examinada por un experto erudito en estas lides. Así son por ejemplo la serie de cartas que escribió Manuelita, después de muerto Bolívar, sobre todo al general Juan José Flores(1800-1864) que las guardó en su archivo y así han llegado a nuestra época y por ello un serio historiador ecuatoriano, el padre Jorge Villalba, pudo con ellas vertebrar el Epistolario(Quito: Banco Central del Ecuador,1986.232 p.) de Manuelita, en esa colección no hay ninguna carta de Bolívar a Manuelita ni de ella al Libertador. Por cierto, que en los volúmenes que hemos leído para escribir estas páginas no hay ninguna de esas cartas de Manuelita citadas por los falsificadores chavistas, en cambio las de la colección editada en Quito si son auténticas, allí si hay revelaciones de su espíritu y varias de sus consignas políticas.

La Carta del General de la Guerra
Más arriba nos referimos a la carta del general Antonio de la Guerra Montero a su esposa dándole cuenta de la muerte de Manuelita. En Manuela sus diarios perdidos y otros papeles(p.150-151) se encuentra su fotografía, podemos verla en forma manuscrita. Desde el primer momento dudamos de su veracidad pues la verdadera es bien conocida: no tiene cincuenta y dos renglones sino cinco, esa es la verdadera, la citan tanto Rumazo(Ocho grandes biografías,t.I,p.649, nota 8) como von Hagen(Las cuatro estaciones de Manuela,p.326).

Los Papeles de Manuelita
La verdad de los papeles de Manuelita lo señala von Hagen al apuntar: “Casi todas las cartas reveladoras que Manuela había cambiado con su amante[Simón Bolívar] fueron destruidas en Paita; el volumen de las Memorias de O’Leary que habla de los amores entre Manuela y Simón fue suprimido; y el volumen Correspondencia y documentos relacionados con la Señora Manuela Saenz, que demuestran la estimación que en ella hacían varios jefes y particulares, y la parte que tomaba en los asuntos de la política, desapareció de los archivos de Bogotá”(Las cuatro estaciones de Manuela,p.332). Esa es la verdad, con una excepción que aquí señalamos.

Los inventores de los papeles de Manuelita que han circulado recientemente, perpetrados por personas que ni siquiera son historiadores, y por lo tanto desconocen la metodología de su ejercicio y práctica, ni siquiera se tomaron el trabajo de leer cada una de las serias obras que existen sobre esta ”inquietante mujer”(p.332) como la llama von Hagen.

El Tomo XXXII de O’Leary
Aunque el historiador von Hagen dice “el volumen de las Memorias de O’Leary que habla de los amores entre Manuela y Simón fue suprimido”(p.322) esto no es así. La historia del volumen, hoy bien conocido, es ahora precisamente el tomo XXXII de la reedición caraqueña de las Memorias de O’Leary(1981), que es la que hemos utilizado y citado varias veces a través de este estudio.

La historia del llamado tomo Apéndice es esta: con los papeles que poseía, con los que recibió del Archivo de la secretaría del Libertador escribió O'Leary sus Memorias y junto con su relato, que sólo forma tres tomos denominados Narración, ordenó para su publicación la amplísima colección de cerca de 12.000 documentos (Manuel Pérez Vila: “Índice de los documentos contenidos en las Memorias del General Daniel Florencio O'Leary" en: Daniel F. O'Leary: Memorias, t. XXXIII, p. 9.) que fueron los impresos al cuidado de su hijo Simón Bolívar O'Leary. Por cierto que el edecán del Libertador haya puesto el nombre y el apellido del Héroe a su propio hijo nos indica el inmenso afecto que el irlandés profesó a su general. También, pasado el tiempo, otro gran estudios del Libertador, el escritor Rufino Blanco Fombona(1874-1944) llamó Bolívar a uno de sus hijos.

La edición de las Memorias se inició en Caracas en 1879. Se publicaron entonces treinta y un tomos. El que lleva el número XXXII, denominado Apéndice, cuya impresión se estaba realizando, precisamente durante el año 1883, fue detenido por orden del presidente Antonio Guzmán Blanco(1829-1899). Para ese momento se habían tirado treinta y dos pliegos, es decir 512 páginas. Este volumen constituía el tercer tomo de la Narración. Como lo indica el editor de las Memorias: “Los tomos I y II, que con el título de Narración hemos publicado, contienen la parte de las Memorias que el General O'Leary dejó escrita y arreglada para la imprenta. El presente apéndice comprende los diarios y apuntes que hemos hallado entre sus papeles y su correspondencia con el Libertador, que publicamos también porque juzgamos aquéllos y ésta interesante para la historia de Colombia” según anota de Simón Bolívar O’Leary (Daniel Florencio O’Leary: Memorias,t.XXXII,p.5).

La razón de Guzmán Blanco, para dar la orden de detener la edición del Apéndice, la refiere el Dr. Francisco González Guinán(1841-1932), persona que estuvo siempre cerca del Autócrata, quien más tarde fue el historiador por excelencia guzmancismo. Fue González Guinán hombre probo e incapaz de falsear testimonio alguno. En un artículo publicado en el diario El Tiempo (Caracas: Marzo 15, 1910) señala “En 1883... se imprimieron también 32 pliegos, de a 16 páginas, de documentos y Cartas para un Tercer Tomo que se tituló Apéndice, paralizándose la impresión por orden del Presidente... Guzmán Blanco. Se fundó este para ordenar la paralización, y así nos lo dijo: “en que los pliegos impresos no contenían narración alguna hecha por el general O'Leary; en que arrojaban a los vientos de la publicidad intimidades amorosas del Libertador, que nada tenían que hacer con la vida pública de este ni con la historia de Colombia, intimidades que debían más bien sepultarse en el olvido por decoro nacional y por patriótica gratitud; y finalmente, es que contenían los pliegos impresos, o por imprimir, alusiones ofensivas a la reputación del señor Antonio Leocadio Guzmán(1801-1884), alusiones que también había hecho el general O'Leary en su Narración y había tenido que respetar, por acatamiento al Decreto de 3 de Diciembre de 1879 y por homenaje al historiador; circunstancias que no lo obligan con respecto a los pliegos destinados para el Apéndice” (cita tomada del artículo de Francisco González Guinán al cual hemos aludido el cual se inserta en Daniel F. O'Leary: Memorias, t. I, p. 113-115. La cita procede de la p. 113-114).

Aunque la edición del Apéndice fue suspendida no fueron incinerados los pliegos. Pasaron a manos del propio general Guzmán Blanco. En posesión de sus herederos aparecieron en 1914. La noticia de la existencia la tuvo el doctor Vicente Lecuna quien hizo diligencias para que el gobierno pusiera en circulación los tomos que se pudieran formar con los pliegos hallados. Se formaron entonces mil doscientos ejemplares. En 1917 entraron en circulación, gracias también a Lecuna, un nuevo lote de mil ejemplares. Aquello pudo ser hecho porque como afirma “no aparece ningún Decreto que ordenara oficialmente lo que según el historiador González Guinán dispuso el general Guzmán Blanco, sino que está vigente el Decreto de 3 de Diciembre de 1879 que ordenó la publicación de las citadas Memorias sin mandar a reservar ninguna parte de ellas sobre que nada indecoroso para el Libertador... se advierte en las páginas de este tomo” (Todas las citas de Vicente Lecuna que hemos hecho están tomadas del estudio de Pedro Grases: "Daniel Florencio O'Leary" en sus Obras. Barcelona: Seix Barral, 1981 t. III, p. 507-528. Las citas están proceden de las p. 523, 524, 525, 526).

Toda la curiosa anécdota del Apéndice no es un suceso marginal del guzmancismo. Como ya lo afirmamos la actividad pública de Guzmán Blanco está llena de hechos como este. Guzmán Blanco al igual que hizo cosas que le colocan entre los cinco hombres que más han influido en nuestra historia, junto con Bolívar, José Antonio Páez(1790-1873), Juan Vicente Gómez(1857-1935) y Rómulo Betancourt(1908-1981), fue también protagonista de hechos lamentables como el narrado, los cuales sin embargo, forman parte de su figura histórica. Mirando sólo lo positivo en Guzmán Blanco nos equivocaríamos. Conociendo todo lo detestable que también hizo es el único modo de poder comprender la personalidad de este hombre sin duda notable. Por lo expuesto es que coincidimos con el juicio de Augusto Mijares cuando afirma “Quisiera dedicarle algunos comentarios a la figura histórica de Guzmán Blanco, pero debo comenzar por advertir lealmente a mis lectores que no lograré una apreciación precisa de aquel complejo caudillo... porque todavía perduran en mis reflexiones sobre él muchas contradicciones... a veces lo juzgo gravemente pernicioso como gobernante y hasta repulsivo en su calidad humana, y en otras ocasiones reviven con fuerza extraordinaria los motivos de admiración que me guiaron por primera vez a estudiarlo... Por otra parte, lo más apasionante en un estudio sobre Guzmán Blanco debe ser explicarse... cómo se mezclaban en él admirables atisbos de estadista con groseras incontinencias de niño malcriado o de hombre primitivo; cómo podía aquel hombre que tenía talento, carácter y ambiciones que merecen respeto, perseguir satisfacciones de codicia y vanidad literalmente grotescas. Tenía dotes personales y escenario para hacer un gran personaje, y se conformó con la parodia. ¿No es realmente un enigma psicológico fascinante(Augusto Mijares: "Guzmán Blanco, Rey Midas" en: Lo afirmativo venezolano. 3ra. ed. Caracas: Ed. Dimensiones, 1980, p. 125-129. La cita procede de la p. 125-126).

Las Memorias de O´Leary fueron publicadas divididas así: los tomos I-XII recogen la Correspondencia de hombres notables con el Libertador; los tomos XIII-XXVI: los documentos; la Narración, propiamente las Memorias, se recogen en los tomos XXVII, XXVIII y XXXII, aunque en realidad, como ya lo hemos explicado este tomo debería haber sido el XXIX sino se hubiera detenido su publicación; los tomos XXIX, XXX y XXXI recogen las Cartas del Libertador y el XXXII, repetimos, el tomo Apéndice. Al reeditarse las Memorias en 1981, también por decisión Presidencial, gracias a un decreto (n/ 3113, Febrero 27, 1979) del presidente Carlos Andrés Pérez(1922-2010), se añadieron a las Memorias dos tomos más en los cuales se recoge el “Índice de los documentos contenidos en las Memorias del General Daniel Florencio O 'Leary” obra de Manuel Pérez Vila (Índice de los documentos contenidos en las Memorias del General Daniel Florencio O 'Leary. Caracas: Sociedad Bolivariana de Venezuela, 1956. 2 vols.). Este Indice... como lo indica su compilador “ha sido elaborado con el propósito de ofrecer al investigador un instrumento de trabajo eficaz y de sencillo manejo que le permita localizar con precisión y rapidez cualquiera de las piezas documentales contenida en tan rica y útil colección”(Daniel F. O'Leary: Memorias..., t. XXXIII, p. 10).

Para Cerrar
Es una lástima que estos falsificadores de papeles, presentados con ínfulas de ser verdaderos, quiten a los estudiosos de la historia la posibilidad del estudio serenos de una personalidad tan extraordinaria como lo fue la de nuestra Manuelita, la mujer más importante de todo el proceso de la emancipación hispanoameriacana, sin duda la primera mujer liberada de nuestra historia, la autora, ya lo hemos indicado del primer documento feminista del devenir latinoamericano, la carta en la que, en 1825, le dijo adiós al marido. Por ello, y ya para cerrar, copiamos el mejor juicio a nuestro entender escrito sobre ella, precisamente por la mujer que escribió el primer libro feminista del siglo XX venezolano, nuestra gran Teresa de la Parra(1889-1936) quien esa obra, Influencia de las mujeres en la formación del alma americana(4a.ed.Caracas: Fundarte,1991.124 p.), escrita en 1929, publicada por vez primera en 1961, señaló que la esencia de la personalidad de Manuelita había sido esta: “Personal y rebelde se fabricó ella misma su código de moral y dentro de él fue y fiel hasta la muerte”(p.124). Y añade enfática, Teresa leyó este texto como conferencia a la conservadora Bogotá el 6 de Junio de 1930,”Algunos hallarán paradójica esta afirmación tan contraria a la opinión corriente y habrá quien se escandalice por ella.

Pero que aquel que estando en la miseria sea capaz de renunciar a una herencia por rendir culto a un recuerdo, que le tire a doña Manuelita la primera piedra”(p.124). Ese recuerdo no era otro que el de Simón Bolívar, su única pareja desde que lo conoció, y a lo largo de los siguientes treinta y cuatro años de su vida, hasta su deceso, y sobre todo a lo largo de los veinte y seis que transcurrieron desde la muerte del amado suyo en San Pedro Alejandrino hasta su deceso. Por ello la bella película de Diego Rísquez sobre ella, escrita por el poeta Leonardo Padrón, termina con este parlamento “Estoy llendo hacia ti. ¿Dónde estas?¿En que parte de la muerte? No te impacientes. Voy en camino. Como siempre, Manuela”(Manuela Saenz, guión original. Caracas:AlterLibris,2001,p.207). Y también escribió nuestro aeda, pensado en Manuelita, “Los sueños se heredan. Y a los sueños les gusta ser eternos”. Como ella fue, igual que su eterno enamorado.

Siempre Manuelita será lo que fue, lo que sintió que era: “Yo amé al Libertador; muerto lo venero”(Mayo 6,1834). Y siempre se cumplirá lo que pensó de si mismo con agudeza: “El tiempo me justificará”(Mayo 6,1834).

Junio 25,2011