Sábado, 20 de Septiembre de 2014

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El valor educativo de la literatura

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por Beatriz Pineda de Sansone

La producción literaria es de gran valor educativo. Me voy a referir en esta oportunidad al cuento, género literario distinguido por su brevedad, concisión e intensidad. La tendencia formativa del cuento literario se plasma en la elaboración de mensajes de carácter didáctico; en el valor formal que hace posible, no sólo el enriquecimiento del lenguaje y del pensamiento, también trascender lo superficial, lo "sabido" para acercarnos a la naturaleza de lo real, y, fundamentalmente, como ejercicio de la razón, del conocimiento, de la manera de mirar, de la sensibilidad y como actividad que atenta contra los absolutos.

Se ha dicho hasta el cansancio que uno de los fines de la educación consiste en el desarrollo del pensamiento, de su claridad, porque a través de ella se logra una comunicación efectiva. También se ha hecho énfasis en el desarrollo de la sensibilidad. Ambos aspectos constituyen motivos para alcanzar el pensamiento crítico-creativo. Si la sabiduría representa un valor primordialmente humano, entonces se halla estrechamente ligada a la racionalidad, a la lógica, a la claridad y al lenguaje. Estas necesidades básicas deben ser atendidas con urgencia y sólo las obtendremos cuando los educadores tengan conciencia de ello y planifiquen actividades encaminadas hacia el incentivo de la reflexión. Existe una inextricable relación entre el pensamiento y el lenguaje. Por eso es de vital importancia el desarrollo de los hábitos lectores y de la búsqueda del sentido. Para lograrlo recomiendo el cuento literario distinguido por su brevedad, concisión e intensidad. Los tiempos modernos requieren textos breves que puedan ser leídos "de una sola sentada". Como bien apunta Poe refiriéndose al poema:"Toda gran excitación es necesariamente efímera". Se requiere entonces "unidad de impresión" que logre atrapar toda la atención concentrada del lector. Este impacto súbito solo se logra con un buen cuento, porque suele imprimir una huella definida y a veces definitiva en el receptor. El cuento requiere entonces atención y concentración, porque si se le interrumpe "se rompe el hechizo". A través de una sistemática narración oral de cuentos, estos dos aspectos se desarrollan en los niños. La actividad nos permite ejercitar otros aspectos del pensamiento requeridos para una comunicación efectiva: el vocabulario, la unicidad y el rigor de la expresión.

La lectura o la narración de cuentos enseña a los niños a concentrar su atención con mayor intensidad en un objeto reducido que requiere el cuidado del detalle, de la precisión. La condensación requiere economía y rigor y estos aspectos se pueden lograr con el ejercicio paciente de la escritura, corrigiendo, podando. Todo lo que no contribuya con el logro del efecto está de más y actúa en sentido inverso al objetivo.

Dentro de todas las propuestas innovadoras que han surgido en el mundo de la educación se encuentra el programa cultural educativo La Hora del Cuento de la Fundación Manzanita que plantea como objetivos fundamentales el desarrollo de los hábitos de lectura y del pensamiento crítico-creativo. La razón por la cual se crea el programa en el año 1984, tiene que ver con el escaso vocabulario percibido en niños entre 7 y 10 años de edad.

Implementar el programa La Hora del Cuento dentro del currículo escolar significa trascender el marco del movimiento educativo para ejercitar las habilidades de pensamiento y de escritura. La base que sustenta los objetivos del programa, ya lo he expresado en otras oportunidades, es la literatura con énfasis en el cuento literario, la poesía, los ensayos, los relatos, entre otros. Consideramos que las obras literarias se asientan en una perspectiva global que descubre y re-inventa el sentido de nosotros mismos y del mundo. Esa visión multidimensional asegura la concepción amplia de la razón, el interés por la belleza, el bien y la verdad. El pensamiento raciovitalista de Ortega, el mundo de la vida de Husserl, y la gramática del lenguaje vital, referida por Habermas, nos permite comprender la razón en el juego de la propia vida. Recuperar una concepción dialógica e intersubjetiva de la razón y del propio pensamiento y mantener la preocupación por la verdad, porque ella nos lleva a buscar criterios más adecuados para elaborar buenos juicios.

“La expresión artística aspira a iluminar el espíritu con blanca claridad”, afirmo el escritor español Ramón Menéndez Pidal, también aspira a iluminar la comprensión de la realidad; porque opera sobre el relajamiento de la atención, esforzando las coloraciones o buscando penunbras y hasta oscuridad; acciones y reacciones. Es por ello que la literatura constituye un recurso, una herramienta de incalculable valor. La obra literaria no sólo aporta conocimiento, también atrapa al lector con el recurso de la tensión, del lenguaje y del humor. Porque una de las principales virtudes de la literatura, aún cuando no se lo proponga, es que facilita y recrea el proceso de enseñanza recíproco entre lector y autor-informante. La literatura nos regala la posibilidad de comprender a otras personas –qué las motiva, cómo viven y trabajan, cómo orientarlas−. Este aprendizaje es crucial para sobrevivir y prosperar en cualquier ambiente humano. El ejercicio reúne y estimula la inteligencia con el conocimiento de otras personas, y a esta fortaleza se le conoce como inteligencia interpersonal. Los niños que poseen este don creativo pueden poner en marcha vastos movimientos sociales. El cuento literario, y la poesía también nos ofrecen la oportunidad de ejercitar la inteligencia intrapersonal, que consiste en conocerse a sí mismo. Una persona que se entrena en el razonamiento del cuento literario, por ejemplo, llegará a conocer sus fortalezas y sus debilidades, sus deseos y sus miedos y sobre esta base podrá actuar para adaptarse a las circunstancias. La literatura también ejercita el pensamiento lógico gobernado por el razonamiento, los criterios coherentes, racionales.

La creatividad es otro aspecto que se enriquece con el cuento. Posterior a la lectura o a la narración oral, se debe estimular a los niños para realizar una amplia gama de actividades que se desprenden del texto: elaborar historias, resúmenes, proyectos, investigaciones, dibujos, marionetas, volantines, juegos dramatizados, bailes, entre otros. La diversidad nos permite medir y entrenar la habilidad de los niños en distintas áreas. La exploración de diferentes actividades suscitará pasiones y talentos incipientes. No olvidemos nunca que una característica esencial de la definición de creatividad es que no sólo es original y útil, sino que tiene lugar en un ámbito específico. La inteligencia apunta Gardner "provee la base de la creatividad, un niño será más creativo en los campos en que posee mayores fortalezas”.

Desde la época de Hegel nos hemos percatado, cada vez más, de que la conciencia humana evoluciona, es decir, cada vez más, el ser humano presta mayor atención a su interior. Tenemos un agudo sentido de nosotros mismos cuando somos capaces de decir "yo". Sin embargo, este poder de reflexión y de articulación acerca del yo requiere tiempo para desarrollarse. A juicio de investigadores como Walter Ong, la conciencia humana no se hubiera podido alcanzar sin la escritura, pues ella contribuye a elevarla. Pero tanto la oralidad como la escritura son necesarias para la evolución de la conciencia, porque existe una correlación. La palabra oral es la primera que ilumina la conciencia con lenguaje articulado, ella relaciona y luego une al sujeto y al predicado. La palabra oral une a los seres humanos entre sí en la sociedad. La escritura por el contrario divide y enajena, aunque intensifique el sentido del yo, promueve la acción recíproca entre las personas. La narración de cuentos de forma oral nos permite desarrollar, estimular y reforzar la "interioridad del sonido", cuando tiene que ver con la interioridad de la conciencia humana y de la comunicación humana pues el sonido de la voz traduce los estados diversos del alma. De forma que mediante la palabra oral, un narrador de cuentos ha de ser honrado y perito en el habla, ha de tener nitidez en las ideas y memoria feliz.

Practicamos la oralidad cuando narramos cuentos a los niños. Por eso hemos diseñado el Programa La Hora del Cuento de la Fundación Manzanita que intenta reconciliar contradicciones, en lugar de escoger un método de enseñanza y rechazar otro, logramos la creación directa de nuevas ideas. La narración oral de cuentos escritos por autores nacionales e internacionales de reconocida trayectoria coloca al interlocutor en la acción más que en la descripción, importan los valores que emanan de la "verdad", y no sólo la "verdad" en sí. Semanalmente, los niños se ejercitan en acciones constructivas, antes que en las destructivas; en crear antes que en repetir; en construir luego de descubrir; se exploran nuevos límites, es decir, se abren caminos hacia posibilidades paralelas.

Al escoger autores de distintas nacionalidades y situar a los niños en el contexto socio-político de estos hombres, abrimos múltiples ventanas a la diversidad; dejamos a un lado las categorías; alentamos la curiosidad, la exploración, el movimiento, el amor por la lectura, el pensamiento crítico-creativo, la atención, la concentración, la memoria, la cultura general.

Si las palabras son portadoras esenciales de significados y en ellas nacen los pensamientos, entonces la narración oral de cuentos se convierte en un extraordinario evento que enriquece el vocabulario: ideas y percepciones que proporcionan las puertas a través de las cuales vemos el mundo. Este estado de actividad, llamado por estudiosos como De Bono, la "lógica fluida", corre como un arroyo, fluye hacia otra corriente. Cuando contamos cuentos, cuando concedemos importancia a la vida de los creadores, enseñamos a los niños, no sólo, a mirar el sistema en su conjunto, también los entrenamos para evaluar el aporte de un hombre a la totalidad del sistema.

El investigador venezolano Víctor Guédez ha expresado que "la inteligencia es la capacidad de dar respuestas eficientes, racionales, críticas, creativas, éticas y afectivas". Es decir, "lo eficiente involucra 'el saber hacer'; lo racional 'el saber'; lo crítico 'el saber por qué'; lo creativo 'el saber a través de qué'; lo ético 'el saber hacia dónde'; y lo afectivo 'el querer saber'". Todos estos aspectos conforman una unidad, un todo indivisible que se logra con la estrategia de contar cuentos a los niños. Este criterio ha convertido al programa La Hora del Cuento de la Fundación Manzanita en una importante estrategia para lograr el desarrollo de los hábitos lectores, el pensamiento crítico-creativo, el enriquecimiento del lenguaje y de la cultura general, entre otros. Si acostumbramos a los niños a escuchar cuentos desde temprana edad, estamos sembrando en tierra fértil millones de ideas que, con seguridad, irán germinando en preguntas, en deseos de saber, en indagación, en reflexión y en creatividad. Con mucha razón el filósofo K. Jasper nos alerta cuando expresa: "Los niños poseen con frecuencia una genialidad que pierden cuando crecen", porque caen en la prisión de las convenciones y de las opiniones corrientes agotando su espontaneidad e ingenuidad.

Un niño que pregunta es un niño que quiere saber. Nuestro deber es estimular ese deseo, halagarlo y reforzarlo.

El valor de un buen cuento se debe, entre otros aspectos, a su calidad estético-literaria. Y ¿qué mejor modelo, con respecto al uso de la lengua, podemos ofrecer a nuestros niños y jóvenes, que los textos escritos por autores de reconocido prestigio nacional e internacional?

Beatriz Pineda de Sansone

Licenciada en Letras
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