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En torno al lenguaje, ensayo-reflexión de Rafael Cadenas Imprimir E-Mail
Lecturas
jueves, 08 de noviembre de 2007


por Victoria de Stefano


En torno al lenguaje fue publicado por primera vez en 1984, en su ámbito natural, la Universidad Central. Con esta edición revisada y corregida, revisión y corrección por la que debemos celebrar al equipo de producción, al equipo editorial, al director y creador de la colección, Juan Luis Delmont, y sin lugar a dudas a Sael Ibañez, lleva tres ediciones y varias reimpresiones. Estas ediciones demuestran, no sólo que ha trascendido el que fuera su recinto natural, sino también la fidelidad de las viejas y nuevas generaciones de lectores. Lo leyeron los padres y lo leen los hijos, lo han leído los adultos y lo siguen leyendo los jóvenes, deberían leerlo todos los maestros; sus muchas ediciones dan fe de que el libro no ha perdido ni un ápice de su vigencia. Mal podría haberlo perdido. La importancia del lenguaje, como dice Cadenas, "es omnipotente". La lengua nunca ha dejado de estar amenazada, siendo como es la más alta manifestación de vida espiritual humana, siendo como es entre los medios de socialización, si hubiera alguno que no participara de ella, el más sensible a la temporalidad y la historia.

En la contraportada se dice que este es un "ensayo ético y creativo escrito por un poeta". Según palabras del propio Cadenas, "menesteroso en materia de lenguaje". De hecho, menesterosos en esta materia lo somos todos. Si la palabra pudiera dársenos en su total transparencia, habríamos salido del reino de la necesidad para entrar de lleno en el reino de la felicidad y la sabiduría, en el de antes de la caída. Pero el que un poeta reconozca su menesterosidad en materia de lenguaje es un acto de suprema sinceridad y cortesía. Nosotros tenemos al poeta por cultor y poseedor de toda la riqueza y esplendor de la lengua. ¿Si no él, quién entonces?

Con frecuencia hemos leído que la obra de Cadenas es una reflexión a partir del silencio. ¿No es paradójico el que un autor cuya obra se la vea tan estrechamente relacionada con el silencio haya escrito un ensayo en defensa de la lengua? ¿Un libro que es una invitación a tomar conciencia del lenguaje como vehículo público y privado de comunicación, como medio de clarificación del pensamiento, como custodio de la tradición y de la cultura a la que da origen y en la que se sustenta. En él, al hilo de muchas consideraciones y de los abogados de las buenas causas con los que se acompaña, Kraus, Pedro Salinas, Nietzsche, Cadenas hace suyo un llamado de alarma: la descomposición, la corrupción del idioma es el síntoma del quiebre de la cultura: con la pérdida de la lengua es el aliento del espíritu y la certeza de la cultura, en sus obras y sus actos, lo que está en juego. No sabemos dónde empieza el mal si en la lengua o en la sociedad, pero sí sabemos que si hay degradación en la una es porque la hay también en la otra. Este es el núcleo de voz de alerta.

Ahora quisiera volver al silencio que dejé vibrando en el aire. Hace unos días estuve releyendo algunos de los textos aforísticos del libro de John Cage: Silencio, que por lo demás tiene mucho en común con los fundamentos implícitos en la poética de Cadenas, con la sola diferencia de que Cage se asienta en una trinchera del discurso más drástica y contundente. Digo poética, y lo digo en la acepción clásica del término, la poética como aquella parte del pensamiento que conforma el universo de un autor: su poesía, sus reflexiones, sus anotaciones, sus ensayos, que hace pie en su integridad como hombre. Buscando, a mi vez seguir en buena compañía, me detuve en el escrito de Susan Sontag, La estética del silencio.

¿Qué dicen del silencio los que se han tomado el trabajo de reflexionar sobre él? Hacer del silencio parte de sí, ¿implica algún tipo de hostilidad al lenguaje?, se preguntan. No, no necesariamente, responden. Palabras más, palabras menos, ambos lo definen, antes que como un valor translingüístico, como zona de meditación y maduración espiritual, como espacio, espacio no vacío, como tiempo, tiempo lento, al margen de las presiones y el vocerío del mundo exterior, un lugar a partir del cual se adquiere el derecho, ahora sí, de empezar a hablar. Hacer del silencio parte de la existencia, implica, haber escuchado y haber conquistado el derecho a hablar.

Ustedes se habrán dado cuenta de que el estilo de Cadenas, no sólo en éste sino en todo lo que lleva su firma, sin exceptuar y de forma implícita su poesía, descansa en el diálogo ponderado y democrático consigo mismo y con el lector: "Pero no quiero anticiparme, este punto será tratado más adelante...". "Creo que esto lo comprenderemos mejor...". "Pero reanudemos el hilo...". "Permítaseme una referencia personal...". "Debo confesar...". "Siempre me ha parecido un error...", donde cualquier otro hubiera escrito "es un error". Es como si Cadenas, además de la verbalización y puesta a punto siempre trabajosa del propio pensamiento, necesitara estar atento a todas las voces, es como si escuchara venir desde el trasfondo del proscenio todas las posibles objeciones y estuviera dispuesto a responder por ellas y con ellas.

Dejar de lado las respuestas definitivas, hablar no con el peso de la autoridad, sino con el poder estimulante de la convicción, como Cadenas lo hace, aparte de rescatar la condición dialogante, la condición democrática de la comunicación genuina, supone algunas otras premisas de no menor importancia.

Supone el rechazo de la deificación de la palabra, supone el saber venido de la experiencia de que no existe una última palabra, como no existe una verdad única. Supone admitir el valor relativo del lenguaje, admisión que no es tan obvia tratándose de un poeta; supone asumir que como forma de objetivación humana el lenguaje está comprometido con todo lo que de noble, por ejemplo, la poesía y la literatura, somos capaces de hacer con él los hombres; con todo lo que de mezquino y ofensivo, por ejemplo, la diatriba, que es el epítome de la interrupción del diálogo, somos capaces de agraviarlo. Presupone asumir el lenguaje, no tan sólo como mediación a partir de la cual salvar la distancia que nos separa de la realidad exterior, sino reconocerlo como el ámbito de meditación y silencio en el que se origina la puesta en marcha del pensamiento y todo el sistema en que habrá de culminar verbalmente. Supone privilegiarlo en cuanto conexión vital con nosotros mismos, seres del devenir, y con nuestro prójimo.

Cadenas, citando a Pedro Salinas, señala que su prosa es ella misma dechado de lo que propone. Me gustaría terminar diciendo, y a eso es a lo que iba, que el tono, la cadencia, las pautas, los activos de silencio de la prosa de Cadenas son ellos mismos trasunto de aquello a lo que aspira y de aquello que se propone. "La empresa enorme"de salvar la base de la cultura que está en la lengua.

"La naturaleza es triste porque es muda", escribe Walter Benjamín. Es el canto de los pájaros y la lengua de los hombres, ese residuo de la creación, lo que le extrae vida y le da júbilo.

Victoria de Stefano

 

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