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| De Carmen Rivera a Frida Kahlo |
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| Lecturas - Artículos | |
| miércoles, 14 de mayo de 2008 | |
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“Y allí dónde el hombre con su sufrimiento, pierde la palabra, “Sufrimiento y deseo están ligados uno al otro. Ambos implican un límite y un encuentro que da cuerpo al sujeto (…) Si el deseo y el sufrimiento están ligados, nos damos cuenta de que aceptar el riesgo del deseo implica tomar en la vida el camino del sufrimiento. De modo opuesto la palabra verdadera es la mediación primera, el lazo original entre el deseo y el sufrimiento: en ella el deseo experimenta el límite y la tentación de no creer más en el sujeto que lleva y que lo lleva y su transformación en goce, pues este límite corporal pone al sujeto en contacto con el otro que llega” Denis Vasse conceptualiza aquí un aspecto que me interesa poner de relieve en el caso de FK y que es la dualidad, la doble cara del dolor físico y emocional, y por otro el deseo inquebrantable de ser, superar su propio padecer librando una batalla contra sus limitaciones físicas, teniendo como arma y herramienta su pintura. De esa batalla nace la construcción de su propia identidad como mujer y como pintora. En ese sentido, tal vez haya un cuadro suyo realizado en 1932, titulado “…cómo imaginé que nací”, ( foto 1) en el cual se representa naciendo, de sí misma? La mujer que da a luz tiene cubierta su cara a la manera de una mortaja lo cual podría indicar que es su propia madre fallecida. O como lo escribe en su diario, comentando esta pintura, que ella “dio luz a sí misma”. Esta obra pequeña marca el inicio de una serie de pinturas en las cuales Frida irá desarrollando los hitos destacables de su vida, escribiendo sus memorias a través de sus cuadros. Si la “palabra verdadera” es la mediación primera, el lazo original que une deseo a sufrimiento, ¿podríamos hablar de “palabra verdadera” o mejor dicho de “pintura verdadera” en el caso de FK? ¿Acaso a la distancia se nos presentan sus pequeños cuadros, como palabra verdadera? ¿Auténtica? ¿Singular?. ¿Y qué ocurriría si ubicáramos su obra al lado, en serie, con los murales de Diego Rivera, con toda su grandiosidad, su carácter por momentos anecdótico y literario? ¿Qué pintura se nos presenta, con el tiempo transcurrido, como auténticamente verdadera? ¿Ambas? ¿Qué contrasta entre ambas pinturas sino diferentes grados de humanidad? ¿Acaso Frida con los años se nos hace más humana? Es decir, ¿más verdadera…? ¿O simplemente en su condición de mujer Frida ha logrado expresar y decir en su propio estilo inconfundible lo que cualquier mujer sabe acerca del amor y del dolor y calla íntimamente? Dice Raquel Tibol : “ Los óleos de los cuadros de Frida Kahlo se mezclan con la sangre de su monólogo interior” (FK 1983). Frida pinta con sus entrañas y ofrece a nuestra mirada el espectáculo de su dolor. Un dolor distinto al relatado en los murales de Rivera. En Frida no hay lugar para la solemnidad, ni para la declamación. Y ya al final de su vida cuando rinde homenaje en su obra a figuras tan cuestionables como Stalin, el resultado es pobre. Pierde precisión su pincelada, su minuciosidad de bordadora ha desaparecido. La explicación que se brinda tiene que ver con su enfermedad. Probablemente hacia el final de sus días, el dolor, las drogas, y el alcohol, no permitieron que conservara la lucidez y el dominio suficiente para mantenerse fiel a su estilo. Los autorretratos, los retratos y las naturalezas muertas son los temas dónde se siente a gusto y en dónde desarrolla toda su potencialidad creadora. En la persistencia y en la fidelidad a su deseo de ser encontramos la primera clave de su perdurabilidad en el tiempo como pintora, auténticamente original, desanudada de las modas políticas y de las otras. Escribe Picasso a Rivera en 1933 : ”Ni tú ni Derain ni yo, somos capaces de pintar una cara como las de Frida Kahlo”.¿Es este un reconocimiento a su talento, o a la diferencia entre un hombre que pinta y mujer que pinta? ![]() Mi nana y yo A los dos meses de vida su madre vuelve a quedar embarazada de su hermana Cristina. Incapaz de amamantar a Frida, su madre la confía al cuidado de un ama indígena. El cuadro “Mi nana y yo” ( foto 2) pintado en 1937 testimonia este hecho y la importancia del mismo en su vida. A los seis años de edad enferma de poliomielitis. A los dieciocho años sufre un accidente gravísimo en el colectivo en que viajaba del cual nunca se recuperará satisfactoriamente. Tiempo después iniciada su relación con Diego Rivera, sufre el primer aborto a los 23 años. Dos años más tarde, en 1932 aborta nuevamente y el 15 de setiembre muere su madre. En 1934 tercer aborto y descubre una relación secreta entre Diego Rivera y su hermana Cristina. En 1937 aloja al matrimonio Trostsky y tiene una relación amorosa con León Trotsky. En 1938 presenta una exposición exclusiva en la galería Julián Levy de New York. En 1939 se divorcia de Diego Rivera y a los dos años muere su padre. En 1943 trabaja de profesora en la Escuela de Pintura y Escultura La Esmeralda. Surge el grupo Los Fridos. En 1945 obtiene el segundo premio de la exposición anual del Palacio de Bellas Artes de México. En 1950 permanece nueve meses hospitalizada y sufre siete operaciones en un año. En 1953 exposición exclusiva de su obra en México. Sufre la amputación de su pierna derecha. En julio de 1954 participa en una manifestación por Guatemala a pesar de su salud deteriorada. El 13 de Julio de 1954 muere. Dice Frida en 1937, dos años antes de su separación de DR “Sigo mal y seguiré peor, pero voy aprendiendo a estar sola y eso ya es una ventaja un pequeño triunfo”. Convertir la desventaja en ventaja, transformar la soledad en triunfo, desoir las voces de su cuerpo sufriente para convertir esas voces en un decir verdadero. Construir su propio destino. Dice Frida “Mi pintura transmite el mensaje del sufrimiento. (…) No es revolucionaria. ¿Por qué iba yo a creerme que es combativa? No puede decirse eso .La pintura ha llenado mi vida. He perdido tres hijos y otra serie de cosas que hubiesen podido llenar mi horrible vida. La pintura lo ha sustituido todo. Creo que no hay nada mejor que el trabajo”.A fuerza de trabajo y más trabajo construyó su obra. Dice Linde Salber en su monografía “Frida Kahlo”: “Frida sólo comienza a tomarse en serio tanto su talento artístico como su efectivo despliegue cuando se percata de que la unidad que forma con Diego no es tan estable y segura como hubiera deseado. Es entonces cuando comienza a dirigir su amor hacia su propia obra. También tuvo que hacer frente a partir de ese momento a las facetas menos gratas que integran la vida de una persona entregada a su producción artística: el riesgo de fracasar, por ejemplo, lo cual vale tanto para la producción artística misma como para el intento de ganarse el pan con la venta de sus cuadros” ¿Qué sostuvo desde el trabajo plástico a esta pintora que paso a paso desarrolló su propia obra y se hizo nombre y apellido sin depender plásticamente de nadie? ¿Qué prácticas, que deseo de decir y cómo decirlo la mantuvo aparte de las influencias de quien ella misma decía ser “uno solo”, “Diego-Frida”, “Diego-yo”? Sin embargo esta clave en su obra, debe completarse con otra cuestión que hace a su técnica como realizadora. Devela lo que tan forzosamente oculta y por el otro lado hace obra de lo que se empeña en ocultar en su vida cotidiana, su dolor, sus limitaciones. En la pintura se da a ver. Se revela con toda su crudeza haciendo decir a Diego Rivera:”(…) es la primera vez en la historia del arte que una mujer ha expresado con franqueza absoluta, descarnada y podríamos decir, tranquilamente feroz, aquellos hechos generales y particulares que conciernen exclusivamente a la mujer. Su sinceridad que quizá llamaremos a la par tierna y cruel, la ha llevado a dar de ciertos hechos el testimonio más indiscutible y cierto; por eso ha pintado su propio nacimiento, su amamantamiento, su crecimiento en la familia y sus terribles sufrimientos de todo orden, sin llegar jamás a la más ligera exageración o discrepancia de los hechos precisos, conservándose realista, profunda, como lo es siempre el pueblo mexicano y su arte, hasta en los casos en que generaliza los hechos y sentimientos, hasta llegar a una expresión cosmogónica de ellos (…)”. “Aunque su pintura no se extienda sobre las grandes superficies de nuestros murales, por su contenido en intensidad y profundidad, más que el equivalente de nuestra cantidad y calidad, Frida Kahlo es el más grande de los pintores mexicanos. (…) Es uno de los mejores y mayores documentos plásticos y más intensos documentos verídicos humanos de nuestro tiempo. Será de valor inestimable para el mundo del futuro”. Guillermo Monroy, en conversación con Hayden Herrera, biógrafa de Frida relata que suavizando sus críticas a los alumnos les decía :” Pero yo soy yo y tú eres tú. Es una opinión y puedo estar equivocada. Si te sirve, adelante, si no, déjalo.” No decía ni media palabra de cómo debíamos pintar ni hablaba del estilo, como lo hacía el maestro Diego Rivera. No pretendía explicar cuestiones teóricas.(..) Fundamentalmente lo que nos enseñaba era el amor por el pueblo y un gusto por e arte popular” (FK Linde Salber) A cien años de nacimiento tanto en la Argentina como en el resto de Latinoamérica el lugar de la mujer en la cultura y en el arte sigue siendo todavía un espacio a conquistar y a construir. | |
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