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Causalidades italo-cortazarianas Imprimir E-Mail
Lecturas - Artículos
martes, 01 de enero de 2008


por Silvia Consolini

“No es casualidad, es causalidad” diría más de uno o una. Yo en cambio quiero creer que se trata de estados alterados de percepción, durante los cuales logramos filtrar ruidos, imágenes e interferencias para captar relaciones encubiertas. Pero en fin, trátese de coincidencias, destinos o alucinaciones, sigue siendo todo muy interesante. Interesante como que el otro día leo por primera vez (que yo sepa) la palabra “doppelganger”. La palabrita, a todas luces alemana, está en pleno artículo en todo el medio de una revista de arte gratuita que recogí no recuerdo donde. Por suerte la revista está en dos idiomas, y logro confirmar lo que por el contexto se podía adivinar: la traducción de doppelganger es “doble”. Es decir, ese tal artista depresivo americano tenía un doble, probablemente aún más depresivo y seguramente más deprimente, que aparecía en no sé qué videos extraños. Bien, hay que ver las cosas que se inventan estos artistas contemporáneos... “doppelganger”.

Al cerrar la revista decido continuar con la lectura de Rayuela de Julio Cortázar. Ya voy por los capítulos finales, y en uno de los primeros párrafos que leo, el protagonista dice nada más y nada menos: “¿No te llama la atención, doppelganger?”. Pues ¡claro que me llamó la atención!: ¿doppelganger otra vez? En pocos minutos la misma palabra que nunca antes había escuchado (es cierto, a veces mi incultura me sorprende, pero eso no es lo importante de la anécdota.) Sonrío y me regodeo por un rato en la inútil coincidencia que hubiera divertido también al mismísimo Cortázar, quien era un enormísimo admirador de las coincidencias, y quien consideraba que el azar hacía muy bien las cosas.

Ahora, estimado lector, volvamos a mi incultura: de joven fui una ávida lectora de los cuentos de Cortázar, pero solo a estas alturas de mi vida logré retomar al autor argentino para por fin leer Rayuela. En el ínterin había leído algunos libros de Italo Calvino, otro de mis autores favoritos, y había intuido casi enseguida (probablemente bajo la influencia de un estado alterado de percepción, o de una causalidad), una especie de paralelismo entre las hermosísimas obras de estos dos autores. ¿Será posible atribuir tales similitudes a una sencilla pertenencia a un género literario común? No creo que se pueda simplificar así tan estupenda coincidencia, pero el veredicto final lo dejo en manos de críticos y estudiosos del sector, para que se entretengan un rato.

Pongo un ejemplo: apenas leí “Las ciudades y la memoria” en “Las ciudades invisibles” del autor italiano, percibí una gran afinidad con el cuento “Las líneas de la mano” en “Historias de cronopios y famas” de Cortázar. La brevedad, el trazo que se dibuja en ambos cuentos como una mirada que se desliza por la ciudad, incluso la selección de imágenes y palabras comunes: pararrayos, muelle, líneas de la mano. Sería absurdo buscar las fechas de publicación y muy impertinente pensar que uno se copió del otro, porque me atrevería a afirmar que ni a Calvino ni a Cortázar le hubiera importado un bledo que Cortázar o Calvino se copiara de él. Entre otras cosas, esto lo puedo suponer porque, de lo que he logrado investigar, los dos autores orbitaron la realidad al mismo tiempo, pero sin intersecarse físicamente. Sus existencias y sus obras, sin embargo, parecen pertenecer a hermanos de una misma estirpe de cronopios. Porque si Cortázar fue un enormísimo cronopio, Italo Calvino (probablemente menos alto) puede considerarse un “favolosissimo” cronopio.

Las vidas de estos cronopios están entrecruzadas por exquisitas casualidades, a saber:

  • Ambos nacieron del lado opuesto del Atlántico: Calvino nació en Cuba de padres italianos, Cortázar nació en Bélgica de padres argentinos. Pero aún muy niños (dos y cuatro años) ambos cruzaron el mar y regresaron a sus tierras de origen. Así, el primer enredo existencial quedaría disipado, pero solo en apariencia, pues esta contaminación cultural adquirida a través del parto marcaría la esencia de sus obras: obras desterradas, desplantadas, desplazadas, libres.
  • Ambos visitaron Cuba con pocos meses de diferencia para brindar su apoyo a la revolución. De hecho aquellos que aman interpretar el arte a través de la política se divierten un mundo utilizando sus obras como bandera. Lástima que al hacer esto la gran magia cronopia se pierde por completo.
  • Ambos estuvieron casados con una argentina (no la misma).
  • De 1967 a 1980 ambos vivieron en París. ¿Se habrán encontrado? Y en tal caso, ¿habrán conversado en español o en francés? Por cierto, ¿cómo se dice en francés “pararrayos, muelle, líneas de la mano”? No he logrado encontrar ninguna documentación al respecto, y debo confesar que me tiene verdaderamente intrigada, no me puedo imaginar las cosas interesantes que se pudieran haber dicho estos dos cronopios. Si alguien sabe algo al respecto, por favor publique un artículo aquí.
  • Murieron casi contemporáneamente. Cortázar era el más viejo al morir, pero ninguno de los dos superó los setenta años.

¿Habrán influido estas casualidades en las similitudes de las obras? Claro que sí, aunque cualquier otra justificación es totalmente válida y respetable. En fin, para apreciar tales coincidencias en las respectivas producciones literarias no le queda otra, estimado lector, que zambullirse en las páginas de libros como “Historias de cronopios y famas”, “Bestiario”, “Las ciudades invisibles” y “Las cosmicómicas”.

Como sugerencia complementaria recomiendo que busque, estimado lector, las definiciones listadas por google para “doppelganger”, realmente muy interesantes (en internet también podrán conseguir infinidad de información sobre los cronopios en general).

Silvia Consolini

 

 

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