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| Bienvenida de nuevo, tristeza |
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| Lecturas - Artículos | |
| jueves, 08 de noviembre de 2007 | |
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por Rigoberto Rodríguez “A ese sentimiento desconocido cuyo tedio, cuya dulzura me obsesionan, dudo en darle el nombre, el hermoso y grave nombre de tristeza. Es un sentimiento tan total, tan egoísta, que casi me produce vergüenza, cuando la tristeza siempre me ha parecido honrosa. No la conocía, tan sólo el tedio, el pesar, más raramente el remordimiento. Hoy, algo me envuelve como una seda, inquietante y dulce, separándome de los demás” ![]() Moviéndose quizás en territorios muy bien conocidos para ella (Sagan provenía de una familia acomodada de la burguesía francesa) la autora nos habla en este libro de una pareja de personajes frívolos y egoístas, cuya vida está gobernada por el ocio, los excesos y un marcado comportamiento amoral. Cécile, una jovencita de 17 años (seguramente la misma edad que tenía la autora al momento de escribir el libro), en pleno despertar de su sexualidad, pasa las vacaciones en una mansión a orillas del mediterráneo en compañía de su padre, un viudo cuarentón y seductor que dedica casi la totalidad de su tiempo a conquistar mujeres de todo tipo. Ambos comparten, dentro de un ambiente de mutuo respeto y complicidad, una existencia despreocupada y placentera en la que abundan las fiestas frívolas y las relaciones amorosas breves y sin consecuencias. Este placentero desorden se mantiene sin prisas ni sobresaltos hasta que la visita inesperada de Anne, una antigua amante del padre de Cécile, pone la situación en peligro. Inteligente y culta, Anne ha convencido al don Juan para que se case con ella. Conciente del peligro que esto representa para su estilo de vida, Cécile preparará una jugada perversa que tendrá trágicas consecuencias, y que terminará por conducirla a un encuentro con la madurez y con un sentimiento hasta entonces desconocido para ella: la tristeza. Es un libro realmente encantador y cautivante. Está escrito con la prosa fluida y perfecta de un verdadero genio de las letras. Cuesta creer que una jovencita de esa edad fuera capaz de las reflexiones que se exhiben en varios pasajes del texto. Sin embargo, no se puede decir lo mismo de la película. Aunque sean de destacar las actuaciones de los personajes principales y algunos momentos del filme, el guión no está a la altura de la obra. Preminger y su equipo no tuvieron éxito en plasmar en la pantalla toda la profundidad del personaje de Cécile. Pero esto no le resta todo el mérito a la cinta. Aunque haya envejecido un poco sigue siendo una alternativa agradable para contemplar en una apacible tarde de domingo. Françoise Sagan murió en 2004 a los 69 años de edad. Dejó una obra compuesta por novelas, piezas teatrales, guiones cinematográficos y hasta algunas letras de canciones. Llevó una vida similar a la de sus más representativos personajes: espíritus cultos e irónicos dados al placer, los excesos y la ociosidad. La aparición de ésta, su primera novela, estuvo marcada por el escándalo, no sólo a causa de la temática y la edad de la autora, sino por la manera tan precisa como retrató a un segmento de la sociedad de su tiempo, y quienes no dudaron en calificarla, con sobradas razones, de “encantador pequeño monstruo”. Fueron muchos los adolescentes en pleno despertar de su sexualidad que se sintieron identificados con el personaje de Cécile, convirtiendo a Sagan en una autora de culto. El drama que nos presenta “Buenos días, tristeza”, en apariencia poco trascendente para algunos lectores despistados, es una reflexión profunda y certera acerca de los conflictos que se crean cuando buscamos el placer a toda costa y los remordimientos que ocasiona este tipo de conducta moral irresponsable. Rigoberto Rodríguez | |
| Oficio de Lectores |
Este es un libro inusual en la literatura venezolana porque en él como se ha dicho su autor “analiza, especula, narra y crea”(p.VII). Pero es mucho más porque pocas veces lo mejor de la lección de Jorges Luis Borges(1899-1986) ha sido atendida y desarrollada como lo hace Rodríguez en estos textos que parecen a veces cuentos pero son ensayos, prosas en las cuales penetra hondamente la invención narrativa. |
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| Los Penetrables de Soto: el espectador como epicentro de la obra |
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Tal vez una de sus mayores aportaciones fueron sus penetrables, por medio de los cuales logró integrar al hombre a la obra de arte y redujo la distancia entre el arte y la vida, si utilizamos una expresión de Arthur Danto. |