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El Museo reúne 300 obras, entre ellas wallpapers, «máquinas pintura», animaciones digitales, dibujos y collages fotográficos
El MACBA presenta la primera retrospectiva de Thomas Bayrle, subversor del pop en Alemania
 Thomas Bayrle. $ .1980 Cartolina, llapis, cotxes de plàstic 84 x 64 x 8 cm Collección privada No únicamente Mao ante las masas. También decenas de amas de casa armadas con escobas, múltiples hojas de afeitar Gillette y cientos de bombones Mon Chéri. Una profusión de latas de conserva, productos de limpieza, coches, edificios de hormigón armado y autopistas puntean o serpentean las obras de Thomas Bayrle (Berlín, 1937) en una suerte de juegos de percepción donde nada, o todo, es lo que parece. Aclamado como la voz del pop en Alemania, sus despliegues visuales —irónicos, repetitivos y casi grotescos— subvierten en realidad este movimiento y van mucho más allá. Son mapas casi psicodélicos de imágenes mosaico, hiperrealistas y alucinatorios que rebasan los efectos hipnóticos del pop. Un truco, una estrategia en realidad, con un fin manifiesto: denunciar los excesos de la cultura de masas. Bajo el título Thomas Bayrle. Me temo que ya no estamos en Kansas, el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) presenta la primera exposición retrospectiva de este artista de artistas, precursor de la nanotecnología, la cibernética, la ecología urbana y la revolución digital, exponente, junto a Sigmar Polke y Gerhard Richter, del arte pop en la República Federal, que durante años desdeñó las exposiciones y que ha sabido labrarse una sólida trayectoria como maestro de artistas, «más allá del río de influencias», en la Städelschule de Frankfurt. En una suerte de contaminación del espacio, cuatro aplicaciones de wallpapers originales transforman la rampa, la torre y las paredes blancas del MACBA en un juego de colores y formas, a la par que 300 «máquinas pintura», collages cinematográficos en 16 mm, animaciones digitales, obras gráficas, esculturas de cartón, acuarelas, dibujos y collages fotográficos invitan a recorrer una trayectoria artística de más de cuarenta años. No es una retrospectiva al uso: empieza donde acaba, o acaba donde empieza. «Dejas caer las cosas, de una jerarquía a otra, y vuelves a reunirlas. El mundo no es una imagen fija. Siempre es necesario hacer volar el universo de las cosas o reducirlo a granos de arena o a nubes de moléculas para reconstruirlo en la imaginación», advierte Bayrle.
 Thomas Bayrle. Recordando a Maxwell. 1967. Oli sobre fusta. 77,5 x 80 cm. Cortesía Galerie Barbara Weiss, Berlín
Hastiada de su Kansas natal, Dorothy Gale dejó atrás su hogar para adentrarse en la fantástica tierra de Oz, habitada por brujas, un hombre de hojalata sin corazón, un espantapájaros parlanchín y un león cobarde. «Me temo que ya no estamos en Kansas», le advirtió a su perro Totó tras ser arrastrados por un tornado y hallarse por fin «en un lugar sobre el arco iris». Dorothy es la protagonista de El maravilloso Mago de Oz, una de las fábulas más célebres de la cultura popular estadounidense, escrita en 1900 y traducida a casi todas las lenguas. Bajo el título Me temo que ya no estamos en Kansas, el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona no solo presenta por vez primera el conjunto más extenso de la obra de Thomas Bayrle, sino que subraya la capacidad de su trabajo de situarnos en un lugar distinto, más allá de lo sobradamente familiar, desde donde poder pensar cómo el ser humano y la tecnología por él inventada pueden crear o destruir el sentido de las cosas.
Pensar es la meta última de Bayrle, ya sea como artista o como maestro. Su obra se acerca a una estética, la del pop, pero solo como un recurso que le permite modelar la estética de este primer impulso hacia unos objetivos que van mucho más allá, y que incluso lo subvierten. El humanismo, la política, la ciencia, el consumo, el trabajo y el placer ocupan un lugar predominante en su trayectoria. Propone un viaje a «un lugar sobre el arco iris» en busca de un nuevo sentido, al tiempo que invita a «entrar en crisis», es decir, a cuestionar la realidad con el fin de descubrirnos otros horizontes en todos los frentes del conocimiento humano, y a indagar en el rol del individuo y su pertenencia al grupo. Traza los ejes de los debates contemporáneos, como la globalización, la religión y la mecanización; de aquí sus constantes referencias a Mao, las revoluciones sociales, la liberación sexual, etc.
 Thomas Bayrle. Uno u otro. 1970. Serigrafia sobre paper. 50 x 125 cm each sheet.Galerie Johann Widauer, Innsbruck La exposición se abre y se cierra, como si de un círculo concéntrico se tratara, con obras de los años sesenta y setenta, algunas de ellas muy caras de ver, puesto que están diseminadas entre múltiples colecciones particulares. Ya antes de adentrarse en las salas de la exposición, los visitantes advertirán que algo ha cambiado en la arquitectura del Museo. Una inmensa y frágil estructura de cartón y madera de más de 4 metros de altura da la bienvenida a los espectadores en la entrada del MACBA. El título, SARS Formation (2005), alude al virus asociado al síndrome respiratorio agudo y grave SARS, cuyo primer brote se produjo en China en 2002 y que pronto se extendió por todo el mundo. Pero SARS Formation es también una enorme maqueta de autopistas cuya red de vías serpenteantes se entrelaza una y otra vez, metáfora de una sociedad que, pese a no cesar nunca de trabajar, se renueva constantemente. Llegados a la rampa, la baranda aparece empapelada con el wallpaper Kartoffelzähler (1967), en clara referencia a la introducción del cultivo de la patata en China.
Marketing y maoísmo
No es casual: China juega un papel destacado en la obra de Bayrle. Un ejemplo: la «máquina pintura» Mao und die Gymnasiasten (1965), realizada antes de que Warhol, Polke o Richter se interesaran por la figura del estratega. Tras un retrato de Mao, centenares de diminutos gimnastas alzan sus brazos sobre un estadio deportivo hacia el cielo y se doblan sobre la cintura hasta tocarse los dedos de los pies, cubriendo el campo de colores verdes y rojos de forma alterna. Para Bayrle, la China de Mao y la República Federal de Erhard no estaban tan distanciadas. «Ópticamente, los desfiles multitudinarios del comunismo, las dimensiones gigantescas de esos “adornos vivientes”, tenían mucho que ver con las grandes masas arremolinadas en los centros comerciales de los países capitalistas», constata Bayrle, en cuya obra, sin escrúpulos y más allá de las diferencias ideológicas, se confunden marketing y maoísmo como si de las dos caras de la cultura de masas se tratara.
 Thomas Bayrle. Rapport. Collage fotográfico sobre cartulina. 1997. 46 x 55 cm. Cortesía Galerie Barbara Weiss, Berlín
Hacia 1966 cayeron en sus manos los primeros ejemplares de China en Fotografías, y al instante sintió fascinación por esas revistas cuyas páginas aparecían saturadas de imágenes de brillantes colores al más puro estilo pop. «No solo eran inteligentes y grotescas, sino que contrastaban con las aburridas revistas alemanas, donde China apenas aparecía mencionada», explica. Estas publicaciones ejercieron gran influencia en su trabajo, como demuestran muchas de las obras de esta exposición.
Junto a Mao und die Gymnasiasten se exhiben otras «máquinas», como a Bayrle le gusta denominar a las pinturas objeto que empezó a crear a mediados de los sesenta. Son cajas mecánicas, juguetes pintados al óleo y dotados de mecanismos de cuerdas que permiten mover a unos personajes que se alzan sobre este escenario casi de feria. Como Ajax (1966), donde decenas de amas de casa armadas con escobas y productos de limpieza se levantan las faldas, y Super Colgate (1965), donde un prototipo de dentista nos mira a la par que el público se cepilla los dientes y unos labios de dentadura perfecta coronan esta escena de teatrillo de marionetas. Es una crítica a «la obsesión nacional por la limpieza» que se desató en aquella época, «como si se quisiera borrar de un plumazo un pasado reciente incómodo», y a la «comida artificial de pseudolujo» que proliferó, como si se tratara de «compensar toda la hambruna de la guerra».
 Thomas Bayrle. Christel de la oficina de correos. 1970. Serigrafia sobre papel. 58,5 x 50 cm. Cortesía Galerie Barbara Weiss, Berlín Call me Jim (1976) es otra de las obras clave de la exposición. La frase «Llamadme Jim» la pronunció en los años cincuenta el entonces director de la Volkswagen ante sus colegas americanos en la que fue su primera negociación en Estados Unidos. Con ironía, Bayrle se refiere a la tensa fascinación que por aquel entonces América ejercía en Alemania. Junto a esta obra se muestran otros collages fotográficos sobre madera de finales de los años setenta y principios de los ochenta en los que el artista plasma distintos paisajes entrópicos que confunden al espectador, como Yamagucci, poblado de bosques de hormigón armado, y la serie formada por obras como Japaner (Japoneses) e Inder (Indios), en las que circulan masas ingentes cuya identidad es, pese a los títulos, imposible de descifrar. Otra serie de collages fotográficos emblemáticos es Carlos (1977), formada por cuatro retratos de Ilich Ramírez Sánchez, el famoso activista de izquierdas para unos y el terrorista más buscado de todos los tiempos para otros, que debía vivir bajo el anonimato y ocultarse tras decenas de máscaras para sobrevivir y desarrollar su actividad.
Al más puro estilo pop, entre su obra gráfica sobresale la serigrafía Glückslee (1969), en la que aparece en primer plano una gigantesca lata de conservas, leche condensada de la misma marca que el título, compuesta por infinitas unidades del mismo objeto y rodeada de otras tantas imágenes a tamaño reducido de las mismas latas. También del mismo año es Tiger übt, que muestra un grupo de soldados en formación. El juego de perspectivas nos invita a mirar la escena desde arriba y nos permite ver un tigre en lo que, sin duda alguna, es una referencia al militarismo y a la guerra de Vietnam. Otro grupo de obras, importante en la trayectoria de Bayrle y que en la exposición ocuparán un lugar destacado, aluden al tema del sexo, en clara referencia a la ola de liberación que se desató en la década de los setenta, donde la sexualidad pública se entremezcla hasta confundirse con la más pura intimidad.
Asimismo, se exhiben sus dibujos, acuarelas, dos películas en 16 mm donde los fotogramas aparecen alterados por una superposición de imágenes y películas digitales desde finales de los ochenta hasta la actualidad, cuando el artista incorporó el uso del ordenador a sus películas de imágenes distorsionadas. Otros dos espacios aparecen recubiertos por sus wallpapers: el suelo de la torre del MACBA aparece forrado con el papel M-Formation (1971-2008), que dibuja sobre el plano un enorme par de piernas abiertas que exhiben un sexo femenino, formado por las mismas diminutas imágenes, mientras que las paredes están revestidas con el papel Jacke wie Hose (1970), una secuencia interminable y vertical del mismo hombre y la misma mujer desnudándose una y otra vez. Por último, las paredes externas de las salas de exposición están decoradas con el collage fotográfico plagado de edificios rectangulares en blanco y negro Rapport, Stadt-Tapete (1997-2008).
Las «superformas» de Bayrle
Repeticiones obsesivas de diminutas imágenes que forman sobre el lienzo la misma imagen pero en dimensiones gigantescas. Micro y macro. Célula y cuerpo. Píxel e imagen. Periferia y centro. En las obras de Bayrle es difícil determinar si la «superforma» (vocablo que él introduce) representa sus unidades o, sencillamente, las absorbe y las instrumentaliza; si el sistema completo se comporta de un modo distinto, o igual quizá, que la suma de sus partes. La suya es una poética de la individuación donde los lienzos recrean la epidermis en un juego de ósmosis con el espectador. Sus obras describen, y únicamente cada visitante puede dotarlas de uno u otro sentido.
Bayrle vive y trabaja en Frankfurt, la periferia, como a él le gusta repetir. «Soy localista, y durante la guerra fría Frankfurt —en contraste con la insulsa Berlín— era importante como centro de comunicación e información. Era una ciudad periodística, literaria, jazzística..., pero apenas producía artes plásticas. Me sentía como un solitario vaquero del arte en la ciudad, porque, en comparación con Colonia o Düsseldorf, no había nada.» Sí había el grupo de poesía concreta, con nombres como Franz Mon, Bazon Brock, Charlotte Poseneske y Peter Roehr. Por aquel entonces Bayrle fundó, junto a Bernhard Jäger, la Gulliver Press, una pequeña editorial que producía libros de artistas, litografías, pósteres y portafolios y que colaboraba con escritores que participaban de forma activa en la Feria del Libro de Frankfurt, muchos de ellos involucrados en la poesía concreta. Otra vez las repeticiones y las «superformas».
La «irracionalidad del crecimiento excesivo y obsesivo» de la cultura de masas es el leitmotiv de las obras de Bayrle. Pese a las influencias de la poesía concreta, el arte conceptual y el arte pop, siempre se ha resistido al dogma. «Desde el punto de vista de un movimiento o una escuela, no tengo claro dónde encajo», constata. Pero siempre se le ha relacionado con el arte pop. Si bien su obra ofrece un vasto y denso testimonio de la historia de la recepción del pop en Alemania, no se le puede clasificar de pop. Sencillamente, es a través de su anexión a este movimiento donde encuentra su propio lenguaje. Más allá del producto comercializado en serie, a Bayrle le interesa el individuo y su relación con la masa, así como la disrupción de toda jerarquía.
Su obra es, en realidad, un intento de notación musical. «A través del ritmo pude cambiar muchas cosas contradictorias», resume Bayrle. Aprendiz en una fábrica textil entre 1956 y 1958, afirma: «En aquella época no me daba cuenta de lo valiosa que resultaría, años después, esa experiencia como metáfora de mi obra». El rhythm and blues de las grandes maquinarias a lo largo de más de ocho horas diarias, como «el zarandeo de los tractores, el zumbido de los motores de 16 cilindros en marcha de los camiones de gran tonelaje y el frenético latido de las grapas metálicas en las correas de cuero», le dejaron una profunda mella. «Mi inteligencia consciente quedaba en segundo plano y, al cabo de un rato, mi percepción sensorial y mi memoria conectaban el infierno fabril con los cantos repetitivos de los monjes... El producto acabado —el tejido— representaba la totalidad, un conjunto: una sociedad o un colectivo. Un único hilo representaba algo así como una individualidad; de lo que se desprendía la idea de que el tejido “social” está compuesto de individuos que están entrelazados, pero no pueden moverse.» Más adelante, entre 1968 y 1972, trabajó como diseñador gráfico para grandes corporaciones como los chocolates Ferrero o el modista Pierre Cardin. De aquella época recuerda una visita a la fábrica Mon Chéri: «Todos esos bombones que salían escupidos del interior de esas máquinas. Sentí asombro, excitación, horror, todo en uno, y quise explorar esa absurdidad».
Performance Fendercats
Con motivo de la inauguración de la exposición Thomas Bayrle. Me temo que ya no estamos en Kansas, los artistas Sergej Jensen y Stefan Müller llevarán a cabo una performance de 30 minutos de duración que forma parte de la exposición retrospectiva. Ambos fueron alumnos del artista alemán, y con esta actuación quieren rendir homenaje a la destacada faceta como profesor de Thomas Bayrle a lo largo de treinta años en la Städelschule de Frankfurt, a través de la cual ha influenciado a toda una generación de jóvenes artistas. El objetivo es equiparar la vista con el oído y convertir el sonido en un instrumento capaz de modular el espacio. Radio Web MACBA (RWM) ofrecerá un programa especial con motivo de la performance que incluirá una entrevista y una pieza de audio creada para la ocasión.
- Conversación entre Thomas Bayrle y Lars van Larsen. Viernes 6 de febrero, a las 19.30 h. Auditorio del MACBA. Entrada gratuita.
- Proyección de la película Rote Sonne (Sol rojo), 1969, Rudolf Thome. Jueves 12 de febrero, a las 19.30 h. Auditorio del MACBA. Entrada gratuita.
- Taller con Thomas Bayrle. Del 23 al 27 de marzo, de 17 a 20 h. Preinscripción: del 2 al 14 de marzo. Aula 2 MACBA. Entrada gratuita.
- Performance Fendercats. A cargo de Sergej Jensen y Stefan Müller. Jueves 5 de febrero, a las 20.30 h.
- Visitas guiadas (incluidas en el precio de la entrada). Laborables, a las 18 h. Sábados, a las 12 y a las 18 h. Domingos y festivos, a las 12 h.
- Horarios. Laborables (excepto martes no festivos), de 11 a 19.30 h. Sábados, de 10 a 20 h. Domingos y festivos, de 10 a 15 h. Martes no festivos, cerrado. Lunes, abierto.
Del 6 de febrero al 19 de abril de 2009
Título: Thomas Bayrle. Me temo que ya no estamos en Kansas
Inauguración: jueves 5 de febrero de 2009, a las 19.30 h.
Fechas de la exposición: Del 23 de enero al 19 de abril de 2009
Comisariado: Chus Martínez
Organización y producción: Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA).
Itinerancia: Wiels, Contemporary Art Center de Bruselas
MACBA
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Fuente: Prensa MACBA |