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Artículos en archivo año 2008 | Emilio Gañán, una de las grandes voces de nuestra nueva pintura |
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| Archivo - 2008 | |
| jueves, 17 de abril de 2008 | |
Claro Enigma (Fragmentos para Emilio Gañán) Juan Manuel Bonet
![]() Prima Porta 1 A Gañán le apasionan las líneas rectas, pero no pretende erigir esa pasión en dogma, sino todo lo contrario, en una disciplina que encauce la libertad. Frente a la ortodoxia minimalista, capacidad de este pintor para, junto a Simetrías, proponer Arritmias. Y para apreciar el arrebato, el sentimiento de lo sublime de ciertos expresionistas abstractos norteamericanos. Siempre tensado por un designio unitario, lo cierto es que en el trabajo de Gañán nos llaman también la atención dos hechos: el que coexistan en él una gran diversidad de soluciones, y el que a cada nueva exposición -esta no va a ser la excepción- sea capaz de sorprendernos con un repertorio formal un poco más diversificado, un poco más ensanchado. Emoción, sentimiento, intuición, poesía, son palabras que a diferencia de lo que les ocurre a no pocos de sus compañeros de generación, asume Gañán, en positivo, con un cierto orgullo, "a mucha honra", reivindicando una actitud "serena, noble, elevada" -son palabras que anoto apresuradamente en mi libreta- ante la creación. "Lo que manda en mi trabajo -afirma rotundo- es la intuición. Y añade: "De matemáticas, lo justito". Nada tiene de extraño, en ese sentido, que reivindique las enseñanzas de nuestro común amigo Jordi Teixidor, pintor al que conoce desde que, con veinte años, asistiera, en el San Sebastián de 1991, a un curso que el valenciano impartió en Arteleku. Ni que le interesen especialmente Mondrian, Malevich, El Lissitsky, Barnett Newman, Robert Morris, Helmut Federle, Peter Halley, Pedro Cabrita Reis, José Pedro Croft, una lista corta a la cual, a lo largo de la conversación -y del presente texto- se irán agregando unos pocos nombres más. Línea sobre el plano se tituló, casi kandinskianamente -¿por dónde se perdió el punto?-, la anterior muestra del pintor con Fernando Pradilla. La historiadora del arte catalana Inma Julián, en aquel catálogo de 2005, subrayaba ese parentesco, relacionando también esta pintura, con cierta tradición abstracta norteamericana de los años cuarenta y cincuenta, con el "Less is more" miesiano -y ciertamente Mies es un arquitecto muy admirado por el pintor-, y también con ciertos trabajos "op" y cinéticos franceses o con epicentro en París, aunque a mi modo de ver esta última conexión está menos clara. La línea, en cualquier caso, es, sí, protagonista principalísima de esta pintura. Gañán, para trazar sus líneas, recurre a cintas adhesivas, y la simple descripción de su modo de utilizarlas, me trae a la memoria los procedimientos del ya mencionado Mondrian, en la época final y jazzística neoyorquina, procedimientos desvelados por los admirables cuadros inacabados, casi tan buenos como los terminados. La línea, aquí -por ejemplo las líneas blancas y negras zigzagueando en el gris, en esta serie significativamente titulada Engarzados, o en un cuadro anterior titulado Prisma-, sugiere a menudo tridimensionalidad, una ilusión de profundidad. Se esboza una perspectiva que luego se quiebra en paradoja, algo que por algún lado -aunque sin el cientifismo un tanto ingenuo de unos sesenta-setenta que reivindicaban el "antes del arte"- podría tener que ver con las célebres Figuras imposibles de un José María Yturralde siempre fascinado por el universo laberíntico del holandés Escher. La línea, el dibujo. En la voz "Dibujo" del diccionario de Una conversación, Gañán se autodefine como "dibujante de línea clara", lo cual curiosamente nos remitiría -aunque no creo fuera su intención- a Hergé, el creador de Tintín y uno de los ídolos de los neo-metafísicos. "Me gustaría -añade- que la mirada recorriese las líneas del dibujo como lo hace en la carretera siguiendo los cables eléctricos". Desde el punto de vista cromático, durante bastante tiempo a Gañán se le ha identificado con la intensidad de sus rojos. También le hemos conocido azules de profundidad equivalente. En esta exposición, sin embargo, al igual que en otras de las últimas suyas, predominan colores menos esplendentes, más sombríos, más graves: los ocres, los pardos, los grises, y esos negros que en alguna ocasión él ha titulado, muy significativamente, Carbonos, y que en otra, ha adscrito al reino Mineral. Gañán, en la voz "Color" del diccionario de Una conversación: "La mesura en este aspecto no denota pobreza". Gravedad, también, revela el título, casi como de "vanitas" de Luis Fernández, de una de las series que presenta ahora: Osario. Serie en ocres, en recintos quebrados, haciendo honor a su título. "Pintura reducida a su chasis", es expresión muy del gusto de Gañán. Esqueletos de formas. Máximo despojamiento. ![]() Juego Doble En mi conversación con Gañán a pie de cuadro, en la galería donde pronto estarán colgados, sale a colación otro nombre de nuestra generación abstracta: Jorge Oteiza. Conceptualmente, el lugar del escultor vasco, es similar precisamente al de Goeritz: eslabón pre-minimalista. El pintor de Plasencia me subraya que algunos de sus cuadros Engarzados, a los que he hecho referencia hace unas líneas, le deben no poco a las admirables Cajas metafísicas oteizianas, como está claro que se lo deben los papeles de la serie Volumetrías, en los que el "collage" parece sugerir la textura del acero cortén. Frente a tanto divo que pretende hacernos creer que su proyecto ha nacido por generación espontánea, me llama positivamente la atención el hecho de que uno de nuestros pintores jóvenes más relevantes, nos proporcione sin problema alguno las principales claves de su aprendizaje, aluda a nombres propios no sólo extranjeros sino también españoles, se manifieste interesado en reflexionar sobre ese proceso, sobre cuáles son las tradiciones que le siguen pareciendo válidas, sobre cuáles han sido los faros que lo han guiado en la noche. De Oteiza siempre hay que recordar su periplo juvenil latinoamericano, realizado entre 1935 y 1948, y que sucesivamente lo llevó a Argentina, Uruguay, Chile, Perú, Ecuador y Colombia. En los países andinos, el vasco se fijó sobre todo en la estatuaria megalítica, a la que a su vuelta a España, dedicó un libro importante. Hablo con Gañán de ese periplo, de esas piedras, de los muros prehispánicos que en su día también motivaron a Joaquín Torres-García (recordar su monumento cósmico en el Parque Rodó de Montevideo) y a otros miembros de la Escuela del Sur, o más recientemente a nuestro admirado Helmut Federle, al Helmut Federle que busca su inspiración en Tiahuanaco. Algo de esa impresionante monumentalidad arcáica, posee esta nueva serie de Gañán, de título sin embargo nada Nuevo Mundo, sino por el contrario romano, latino, augusto: Prima Porta. Cuadros extremadamente verticales -Gañán habla pertinentemente, en su conversación con Carlos Pascual, de su común afición a lo que llama "formatos extremos", como lo son los de algunos Barnett Newman que tienen algo de columnas. Cuadros sombríos, con mucha insinuación de volumetría, en cuyo centro se dibuja un espacio vacío. Cuadros misteriosos y enigmáticos donde los haya, dentro de lo claros, y a este respecto se me viene a la memoria un título de Carlos Drummond de Andrade, uno de los grandes poetas del "modernismo" brasileño: Claro enigma, título que a la postre adoptaré para colocarlo al frente de estas líneas mías, escritas poco después de volver de mi cuarto viaje al país de Drummond, país con una tradición fuerte de geometrías sensibles, libres. Prima Porta: inevitable nostalgia romana de Gañán, que en 2004 trabajó en ese lugar único que es nuestra Academia en la capital italiana, y que aunque de otro modo que nuestros figurativos y metafísicos, se ha empapado de la atmósfera cargada de historia de la ciudad, una ciudad que ha contado en su aprendizaje del mundo, lo mismo que París, de cuyo Colegio de España de la Cité Universitaire sería becario en 2006, año en que, probablemente impulsado por la referida nostalgia romana, pintó dos cuadros titulados Foro. De otro modo que nuestros figurativos y metafísicos, he escrito, y sin embargo sería fácil encontrar terrenos de entente: en la conversación de Gañán la palabra "metafísica" vuelve una y otra vez, y no sólo a propósito de las cajas idem antes aludidas. Le interesa, directamente, la pintura de Giorgio de Chirico, el protagonismo, en ella, de las sombras. Otro nombre que sale en la conversación de Gañán: Joseph Albers. No tanto por sus por lo demás maravillosos homenajes pre-minimalistas al cuadrado, como por sus trabajos lineales: blanco luminoso de las líneas del alemán abriéndose camino en medio de la negra noche -Vuelo nocturno se titula uno de sus cuadros recientes-, como blancas o rojas o doradas o negras se abren camino, a menudo también en medio del negro, las líneas del español, especialmente en series como la mencionada Carbonos, o como Aurum. Albers: curiosamente, otro que anduvo por el continente americano, también en pos de la quimera prehispánica. Gañán, con humildad: "Creí haber descubierto el Pacífico, y luego me encontré con Albers". "En el fondo mis cuadros -me dice Gañán, rodeado de ellos-, más que con la arquitectura, tienen que ver con la música". Pero nuestra conversación, a la postre, no se deslizará hacia derroteros musicales. Y eso que en la voz "Pintura", del diccionario de Una conversación, el arte de los sonidos ya hacía acto de presencia: "Hablando de arte, la pintura es lo que más me gusta después de la música". Y en otra voz, "Ritmo", para explicarse utiliza metáforas musicales: "en mi obra [...] tengo propesión a la pieza arrítmica como un gran sonido sostenido y matizado". La ironía, también. Es irónica la frase coloquial de Gañán, antes citada, sobre las líneas que "saca a pasear" como si fueran perritos. Y es todavía más irónico, el que haya titulado una de sus exposiciones -la que celebró en 2006 en la Sala de Cultura Carlos III, de Pamplona- Silencio!!!, así, con tres exclamaciones, exclamaciones no abiertas, y tan contradictorias con la palabra que las precede... Ironía que en este caso el pintor le toma prestada al prologuista del catálogo, el crítico Javier Hontoria, que empieza así su muy interesante ensayo, uno de los más sugerentes de cuantos ha inspirado la pintura de Gañán: "Hay algo de paradoja en el título de este texto. Vengo a pedir silencio airadamente"... Y también, esto, tan bien visto: "resulta altamente gratificante ver cómo se puede revitalizar un medio sin necesidad de cataclismos". ![]() Consciente Gañán, por lo demás, de que planteamientos como los suyos, o como los de compañeros de generación a los que me he referido en las líneas precedentes, y a todos los cuales yo también sigo con el máximo interés -como sigo al Ángel Guache de los Poemas geométricos, a Luis Palmero, a Rosa Brun, a Vicente García Cervera, a Juan Cruz Plaza, a Lisardo, a Javier Victorero, y a unos cuantos más de esa onda-, no se inscriben en el horizonte de la moda actual, sino que representan -palabras textuales suyas, en la voz "Generación" del diccionario de Una conversación- "intereses minoritarios". A mucha honra, sí: minoritariamente (o lo que es lo mismo: juanramoniamente), airada o silenciosamente, sin necesidad de cataclismos, fuera de la moda, fuera del canon, fuera del mundo. Cerca del corazón de la pintura. Del 22 de abril al 24 de mayo de 2008
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